Linda Guilala – Xeristar

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Posted agosto 12, 2014 by in 2014

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Reseña del nuevo trabajo de Linda Guilala cargado de referencias pasadas brillantemente reinterpretadas.

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4/ 5

by QA
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Linda Guilala son Bruno Mosquera, Iván Juniper y Eva Guilala. A los dos últimos, que son el origen del proyecto, les conocemos por haber sido componentes de Juniper Moon, la extinta banda ponferradina que llegó a tocar en el programa de John Peel y a ser reseñada en New Musical Express. No se trata de unos recién llegados a la escena musical gallega y su experiencia se nota en la maravillosa producción de “Xeristar” (Elefant, 2014) a pesar de contar (sospecho, pero no confirmo) con un bajo presupuesto. Desde luego, el background y la referencia a escenas pasadas, que la banda enseña en cada corte de este nuevo mini-LP, son producto de quienes llevan en esto de la música, ya sea con Linda Guilala o con cualquier otra formación, una larga trayectoria, a pesar de su intermitente visibilidad.

Tras una primera escucha, lo primero que atrapa la atención del oyente que ha seguido sus trabajos precedentes es el sonido. Ahora mucho más sucio que en sus dos anteriores producciones: el LP “Bucles Infinitos” (2009) y “Paranormal EP”(2011).

“Xeristar” arranca potente, con una batería nerviosa que da el pistoletazo de salida a un tema, entre synth-pop y shoegazing, que marca la pauta a seguir durante todo el disco. En el retrovisor la generación dropout británica, The Charlottes; algunos momentos de Lush o Pale Saints; y bandas noventeras de la eclosión indie hispana. El muro de sonido creado por la guitarra de Bruno Mosquera rompe con la melodía base y proporciona un efecto contrastado y brillantemente intenso a la composición: controlada, sin llegar a recurrencias épicas. La letra de Chicas guapas es sencilla, pero permite múltiples interpretaciones y constituye una constante de este trabajo. Es una herencia de las primeras composiciones indies en castellano, de Los Planetas a Family. Aquí, Linda Guilala parece hablar de la resignación y desidia de la clase trabajadora (“chicas guapas que van a trabajar en moto/los días que más llueve”). De que somos víctimas de la frivolidad (“en vespa hacia el infinito”).

En Lo siento mucho el estribillo es exclusivo de la estructura musical, mientras que el texto pone un contrapunto reiterativo e intencionadamente plomizo. Los teclados iniciales parece que extraen el poco mineral de calidad que queda en esa sobreexplotada veta de dream pop, redescubierta ya hace más de un lustro por Beach House. Es, posiblemente, el tema menos convencional del álbum con teclados y bajo como protagonistas de una idea primaria, básica pero trascendente. Otra vez se recurre a frases que apelan a emociones primarias, al instinto, a la pasión o a concepciones politico-sociales genéricas (“lo siento mucho/no te dicen la verdad/no va a pasar/va a dolerte siempre”).

El arranque de Verano suena tan analógico que no sería de extrañar que hiciese derramar una lágrima a más de un nostálgico de los videojuegos de la generación píxel. Y es que la evocación de un divertimento pasado se hace explícita a través de la letra (“este año no ha habido verano/no ha dejado de llover/y lo he echado tanto de menos/que creo que he vuelto a enloquecer”) y se magnifica puntualmente por varios toques de teclado. En realidad, es bastante más complejo de lo que puede aparentar el hecho de conseguir que todo el mundo se identifique con el texto de una canción. Linda Guilala lo logra en todos los temas de Xeristar y lo sublima en este tercer corte.

Es cierto que, en una primera escucha, todo parece aludir a una experiencia personal que, en el caso de No me véis resulta tan turbia que es preferible enterrar. No afrontarla. No sorprende que este mini-LP lleve por título el nombre de un medicamento antidepresivo. Un bajo contínuo acompaña toda la composición a la que se le da ritmo con el recurso bien medido de los teclados, y que alcanza una gran intensidad a base de ese sonido áspero, de guitarra shoegazer, y del cambio de tempo de la batería, con breves redobles que suenan festivos.

Llega la calma con Haciendo daño, que tiene un discurso sosegado y el tono más melancólico de todo el disco. Abatimiento al que contribuye, sobre todo, la voz de Eva y la gama monócroma que extrae el teclado, sobre la que irrumpen guitarras sucias y una agitada batería. La comunión musical con una letra de la que participarían muchos oyentes entre los dieciocho y los treinta y pocos años es total: desengaño, frustración, ira y venganza. La mejor canción de las seis que componen Xeristar.

Como contraste, Sábados de Tormenta es el vehemente y apasionado epílogo del disco. Arranca con mucha fuerza, baja a un ritmo lento y vuelve a recuperar la energía de inicio en una estructura que se repite varias veces y que es el único patinazo del álbum. Resulta muy recurrente y más propio de quien busca el single obvio y fácilmente olvidable. Sin embargo, la doctrina del álbum se mantiene intacta: los recuerdos de aquella angustia adolescente, que sólo podía calmar la evasión drástica y vacía de fin de semana, asoman en esta canción. Aquí Linda Guilala sublima la idea de que reventar por dentro, y a veces también por fuera, podía ser el no va más. Un concepto que, por cierto, acompaña a la música, por lo menos, desde el primer rock’n’roll.

Todo es nostalgia en este álbum: la añoranza en las letras, las mil y una bandas que se te vienen a la cabeza en cada corte, o el propio nombre del grupo que remite a las películas antiguas de monstruos japoneses. Unas referencias que a much@ treintañer@ le hacen estremecerse en un barullo donde es difícil concretar donde está la ironía y donde se encuentra el homenaje. Sin embargo, lo importante no es indicar esas referencias o si “esto es parecido a aquello”. Lo sustancial, y nada sencillo, es coger todas esas alusiones para hacer algo propio y mirar a la cara a los grandes nombres de la música más o menos independiente (entendámonos) del estado español.

El resultado final puede ser un tanto monolítico. Un hecho que, a pesar de todo, no le hace perder frescura después de varias escuchas y, además, le permite ganar en concepto, en que se conciba “Xeristar”como una obra breve pero cohesionada. Se puede afirmar que los pocos recursos que utilizan son empleados con maestría y dan como resultado un planteamiento en donde, siguiendo el lema arquitectónico de Mies van der Rohe, podemos decir que “menos en más”. Con muy poco, Linda Guilala levantan el vuelo con este prometedor trabajo cargado de emotividad, que hace vibrar el hemisferio izquierdo del oyente.


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