Crónica de un día con… Jozef Van Wissen

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Posted noviembre 9, 2015 by in

Donde: Teatro Gil Vicente de Barcelos
 
Cuando: 6 de febrero del 2014
 
Como: 75 personas
 
Fotos: Pedro Mandías y Mercedes Pose
 
 

Recuperamos la crónica de una velada inolvidable en la que el tiempo se paró, permitiendo que música, misterio y reflexión se juntaran de manera mágica. El próximo martes 17 tendremos a este genio del laud por aquí… No te quedes sin tu entrada

by Nour Al-Hussen
Full Article

Era 6 de febrero y Barcelos nos recibía con el frío propio del mes y de la estación. Entre sus calles, vacías y desérticas rozaba el aire. Eso era lo de menos, ya que íbamos bien equipados y nuestra motivación de acudir al concierto de Jozef Van Wissem vencía a cualquier reto gélido o fantasmagórico que nos presentara la ciudad portuguesa, a nuestra sorpresa a ya tan tempranas horas, pues eran las 7:30 de la tarde. El tiempo justo para merodear la zona, sacar fotos hasta a las papeleras como siempre, y sobre todo… hacernos notar.

Me gusta Portugal por muchas razones. Mi cariño esta última temporada hacia la tierra más allá do Miño se está convirtiendo en amor. Y es que a pesar de sentirte no muy lejos de casa, acabas asumiendo que eres extranjero, al menos objetivamente. Es reconfortante pasar desapercibido (En la medida que se puede, aunque sea haciendo el ganso) a pesar de que estés a relativamente pocos kilómetros de tu casa. Me gusta también mucho Portugal por su gente, su atención y su calidez, hace que ese instante que te sientes extranjero, pasas a ser  mimado y cuidado. Mi amor se proclamó cuando, estos últimos meses he seguido su panorama cultural en general y música en particular, con mucho interés. Esa gente que mencionaba antes no sólo es amable contigo, cariñosa. Se mueve, crea, construye, organiza, y lo más importante colabora y no compite; ésto último me parece terriblemente destructivo y más en alas de sensibilidad, le restaría valor y no tendría sentido. Es abierta de mente y tiene la necesidad de fomentar y compartir e intercambiar su noción de arte y generar actividades enriquecedoras para el espíritu. Por ello, antes de empezar a relatar mi experiencia con Van Wissem, me gustaría darle las gracias a Convilhete na Mão  y a Zoom por contar conmigo para ésto. En especial, a Ilidio, Hugo, y Claudio, a todos… ¡Gracias por la invitación, y hacer posible esta experiencia!

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Foto: Mercedes Pose

 

¿Volvemos a las calles frías de Barcelos? Sí. Ah, y vacías. El concierto comenzaba a las 22:00. Y decidimos caminar tentando a la suerte, sin rumbo, para encontrar un sitio donde cenar. Curiosamente, magia del destino y la causalidad de la que yo, al menos, me siento víctima-afortunada, nos detuvimos delante de un restaurante cuco y atractivo. Sombreaba con color y luz esa calle prolongada y gris, ausente de cualquier alma. Me gustaron sus manteles y su ventanal. Nos paramos a pensar y a tantear, y mientras me apoyaba en la pared me percaté de que había un cartel del concierto de Jozef. Me di la vuelta, y lo vi. Esta vez no en el cartel si no él de espaldas, en persona, en carne y hueso a través de ese bonito ventanal, al lado de esos manteles que me habían llamado inconscientemente. Quizás después lo entendí.

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Foto: Mercedes Pose

Decidimos entrar y disfrutar de la última hora antes del concierto.  Al entrar -con mi compañero en esta aventura y gran fotógrafo y redactor, Pedro Mandías-  escondimos de una forma súbita las acreditaciones de prensa que llevábamos colgadas y que habíamos recogido antes, con la intención de  no intimidar al artista. Puede parecer una tontería pero en ello también quiero hacer un paréntesis, en Portugal la prensa musical es valorada y reconocida, y se le trata con mucha atención y sobre todo como profesionales. Y es de agradecer que te traten así, cuando ésto, pese a lo que muchos piensen, lleva sus horas, su tiempo, su estudio y demás como otra profesión.

¿Volvemos a mi primer encuentro con Jozef? Sí, en ese restaurante tan cuco y llamativo. Nos presentaron, y el me dio la mano “Encantado de conocerte” Y  yo me sonrojé. Me sentí intimidada. Me sentí más chiquitita de lo que soy. Él es un tipo alto, que viste de oscuro y tiene mechones color perla en su melena que se camuflan aleatoriamente. Es una persona a la que admiraba y admiraré sin igual. Su misterio me atraía antes de compartir un rato con él, luego, comprendí que no sólo era eso lo que me llamaba de su existencia. Como siempre, las lecciones a posteriori.

Jozef poco después partía ya para prepararse. Nosotros, disfrutamos de la cena entre nervios y risas, y mucha expectación. Al acabar, nos dirigimos hacia el lugar donde se celebraba el concierto : Teatro Gil Vicente. Un espacio amplio y decorado con buen gusto. A nosotros, redactora y cámara, nos indicaron que teníamos una zona especial reservada para prensa. Se trataba de un palco al lateral del escenario desde donde se podía apreciar y disfrutar todo tipo de detalle. Un campo visual amplio, pese a que las luces no tardaron en apagarse. 22:05 comenzaba el ansiado espectáculo, la puntualidad en los conciertos es otro aspecto que deberíamos de tomar nota de los lusos. 5 minutos de rigor, lo justo y necesario.

En el 2013 Jozef Van Wissem, se llevó el galardón en el Festival de Cannes por componer la banda sonora del film “Only Lovers Left Alive”, dirigido por su compañero y amigo Jim Jarmusch, con el que tuvo tres colaboraciones musicales. Puede que este premio, le brindara más visibilidad a la carrera del holandés afincado en Brooklyn, o que le permitiera llegar a un público más amplio, más diverso y menos hosco, teniendo en cuenta el instrumento que utiliza, el género al que pertenece y el discurso que pretende transmitir a través de su laúd renacentista de 14 cuerdas. Pero la obra de este genio va mucho más allá de un premio, o una mayor promoción, porque lo creado antes de ese sonado y maravilloso album no es de menos valor.

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Foto: Pedro Mandías

Entra al escenario con paso seguro. Y empieza a interpretar. Tras minutos observándole, comprendí una cosa. Hay personas que tocan instrumentos, y hay instrumentos que llevan y tocan a los músicos. Jozef pertenece a la casta de lo segundo, con el plus de tener el grato don de transmitirlo a todo suspiro viviente de la sala. Su setlist giró entorno a “It Is Time For You To Return”de “Ex Patris” y de “Only Lovers Left Alive”, pero a su modo y como él consideró. Jozef toca sobre lo escrito, pero también lo rehace cuando el corazón se lo pide. Sus piezas son breves, y aparentemente sencillas, pero con una gran profundidad espiritual. Podría citar a varios artistas minimalistas, pero que logren algo parecido o provoquen un efecto semejante en mí provoque ciertos paralelismos estructurales consonantes, quizás podría nombrar Arvo Pärt, o Yann Tiersen, pero sin ser exactamente lo mismo. Jozef comienza un verso melódico, hace que todo gire entorno a él, haciéndonos creer que por momentos, esa melodía termina, se traba, se queda suspendida en el aire o en algún lugar remoto de nuestra percepción. Después, vuelve a comenzar de nuevo y a meternos en un laberinto compuesto por agudos que se quedan grabados  por culpa de unas ligaduras múltiples, melancólicas acompasadas fielmente a sus cuerdas pulsadas. Trenza sus cuerdas con virtud y savoire faire, glorifica su metamúsica, experimenta y consigue que lo abstracto tome la dirección de armónico (pues por algo en la iconografía, el laúd representa la armonía). No soy entendida en la kinésica, pero sí soy observadora y creo que empática con determinado tipo de personas. Sus piernas cada vez se estiraban más, se relajaba, y su cuerpo se movía conforme a la gravedad que le proporcionaban sus melodías, moldeándose al unísono con ellas y fundiéndose con el instrumento, y eso me dijo mucho, entre otras cosas el desnudarse y explorarse dejándose llevar en un momento tan delicado y frágil, y por consecuencia maravillosamente bello. Su voz se ausentó en todo momento, quiso que el laúd fuera el único protagonista.

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Foto: Pedro Mandías

Personalmente, me hubiera gustado escucharle cantar como lo hace en su último trabajo, el primero que he mencionado anteriormente. ¿Por qué? Su voz y apariencia oscureta lo dota de un aire punk que camufla con mayor o menos intensidad tras el laúd. Instrumento que tuvo auge en el Renacimiento, se podría decir que fue el culpable de la música pop por aquellos siglos. Se tocaba en todas partes. Es por ello que me resulta genial la obra de Jozef, logra mezclar tres componentes insolubles entre si. Él siguió ejecutando las órdenes (nunca mejor dicho) de su arcón, y supongo que nos regaló un viaje a todos los presentes. Ya sea a siglos atrás para algunos, o en mi caso, un viaje por mi infancia y en la tierra en la que me crié. Al escuchar el sonido del laúd “Pequeños vals mesopotámicos” pensé y sonreí. El artista no quiso ser egoísta, se negó a ser el único en disfrutar de la magia que le estaba transmitiendo su hacer, por ello, ni corto ni perezoso se levantó, y para nuestra sorpresa comenzó a bajar las escaleras para pasear entre las butacas de la sala, mostrando y compartiendo ese brillo melódico que estaba creando, ese eterno retorno de sus hilos, que se suspendía en alguna parte de…

Terminó la vuelta y subió al escenario. Alzó el laúd al terminar la pieza, dimos por supuesto que el espectáculo había llegado a su fin cuando desapareció del escenario. Nadie se quería ir, por ello volvió a salir para regalarnos otra interpretación más. Esta vez sí, era la última.

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Foto: Pedro Mandías

 

Así pues, tras dejarlo descansar, nos encontraríamos de nuevo. “Encantado de verte otra vez“. Sostenía un vasito pequeño, no sé bien si su contenido era té verde o el buen vino verde portugués, que en tal caso bien lo merecía. Empezamos a charlar, y le di la enhorabuena por su espectáculo, le expliqué que había sido importante para mí, y porqué. Él se sienta enfrente mía, con una postura recta pero nada ufana, aún así un con semblante que emana paz, y a su voz sus ojos, ¡Esos ojos oscuros, inquietantes! se clavan en los tuyos durante todo momento. La gente que mira a los ojos cuando te habla es pura. No me corté mucho al comentarle ésto -que había percibido que era una persona muy espiritual- y que me había impactado el contacto visual que mantenía con el público durante la performance. Por un momento sentí que me miraba a mí desde el escenario al palco, pero también sé que todas las personas presentes allí sintieron que les pasaba a ellos también. Me dijo que tenía razón, que sí, que era una persona espiritual (Sólo hace falta ver los títulos de sus canciones) y que el contacto con el público era una parte muy importante para él. También, le pregunté qué creía que el laúd transmitía que no lo hiciera otros instrumentos.

Comienzo a relajarme y a contarle que de pequeña mi tío y una prima habían intentado enseñarme pero desistí, me parecía extremadamente difícil, años después estoy aprendiendo a tocar la guitarra eléctrica. Se rió, y me dijo “Yo empecé al revés, hace quince años que toco el laúd, pero antes tocaba la guitarra eléctrica, creo que es un instrumento que transmite muchas cosas que mucha gente puede interpretar a su manera, sobre todo en el contexto de la historia y la cultura“.

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Polaroid: Nour Al-Hussen

-No puedo evitar preguntártelo, lo siento. ¿Cómo es Jim Jarmusch, y cómo fue trabajar con él? Hay muchas leyendas entorno a eso.

-Como persona tiene los pies en los tierra, es muy normal. Estaba disfrutando la experiencia con él y viviendo la aventura. Mi relación con él como músico es como con un músico que le gusta hacer música para películas.

-Y ahora la verdad ¿Eras fan de sus películas?

-(Entre risas) Sí que era fan de sus películas. Como músico que escribe y hace música lo ve como algo divertido. Todos los fans y sobre todo la prensa quizás lo perciba como algo más superficial o trate de hacer de ello como algo más banal, más que como un trabajo normal, que es lo que en realidad para nosotros. Es mi felicidad la de hacer música, y la de Jim también.

-¿Es la primera vez que estás en Portugal?

-No, ya había estado anteriormente en Portugal antes de comenzar esta gira. Y te doy las gracias enormemente por haber venido a verme desde Galicia. Y lo siento mucho, sé que tenía que haber tocado más tiempo.

-Ha sido un placer enorme, además venimos mucho por aquí a disfrutar de conciertos y contigo no iba a ser menos. ¿Has estado en Santiago?

-Toqué una vez en Santiago y me encanta la ciudad, pero tuve un pequeño incidente: se me rompió una parte del laud en el avión y apenas pude tocar. Me gustaría mucho volver a Santiago la verdad. Fue hace cinco años. ¿Se organizan conciertos en iglesias allí?

-¡Sí! Nosotros somos socios de una asociación cultural y organizamos pequeños conciertos. Ya varios han sido en alguna iglesia. ¿Te gusta tocar en iglesias verdad? (Evidentemente por mi parte, era un guiño, pues sabía que su disco Nihil Obstant fue grabado en la Iglesia ‘Our Lady of Lebanon’ de Brooklyn)

-Me gusta tocar en iglesias sobre todo si son pequeñas. Sobre todo porque el sonido encaja mejor con una arquitectura mediana o pequeña. Además, no necesitas micrófonos por el tipo de espacio.

-Quizás es un comentario un poco extraño, o una observación mía que despierta mi curiosidad sin querer comprometerte ni ponerte en ningún apuro. Tu estética en fotos y en portadas, por lo general rezuma el aire religioso, cristiano en particular, pero a la vez es curioso porque tocas un instrumentos árabe. Es tu forma de vestir por ser una persona religiosa, o parte de un mensaje que quieres transmitir?

-Es una pequeña parte del mundo. No es importante lo que yo sea o no, si no lo que interpreta quien lo escucha y yo no quiero estropearlo. Todo lo que yo diga condiciona lo que quien me vaya a escuchar piense y por eso no quiero arruinar el trabajo. Es más con lo que la gente interpreta y que al final es un diálogo entre la obra y el público. La historia también es importante porque el futuro es muy ambiguo, malo. Al final,no hay futuro si lo piensas bien, sólo hay pasado, es el mensaje que quiero transmitir.

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Sin duda me pareció esta última frase un punto final digno, impactante y bello para esta charla. Dejamos de grabar, y nos pusimos a charlar informalmente. Me preguntó qué me gustaba hacer y qué significaba mi nombre. Al final, fruto de la conexión y mi faceta espontánea abrí el bolso y le pedí que me firmara el póster (El que había arrancado en la pared antes de darme la vuelta y verlo en persona) Me habían dado uno nuevo, pero preferí que fuera ese, le confesé porque creía en las causalidades y la predestinación. Él asintió y sonrió de la forma que sólo ciertas personas tienen el poder de hacerlo y entenderlo. Nos despedimos amablemente  y al salir del Teatro Gil Vicente, me sentí más ligera, algo se había limpiado, lo comprendí todo. Más vale tarde que nunca.

Cuando me dio la mano por primera vez, me sonrojé. Cuando tocó Our Hearts Condomm us, lloré. Cuando me planté delante de él para hablar temblé, y cuando se despidió de mi con un abrazo y pidiéndome que le mandara uno de mis poemas, comprendí todo lo que intentaba decirme ese tipo que viste de oscuro, pero con su mente colorida, mientras me clavaba esos ojos ¡Esos ojos, oscuros inquietantes!: Que los artistas son también humanos.

Cogimos el coche dirección Santiago, era ya de madrugada y nos pusimos en bucle a Indignu, un grupo que si me permiten les recomiendo. Seguí pensando en lo que Jozef había dicho Y es que, si  sólo nos queda el pasado no quiere decir que signifique estar anclados al dolor y a la nostalgia. El pasado es lo que nos ha formado, somos fruto y algunos serán bastardos de él, pero lo que haga el futuro con nosotros, eso…sólo está en nuestras propias manos, mentes y templos (no necesariamente religiosos), siempre y cuando sea de corazón.

 

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Polaroid: Pedro Mandías

 

 

 


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Nour Al-Hussen