Crónica: Festival Paredes de Coura – Parte 2

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Posted septiembre 24, 2015 by in

Donde: Paredes de Coura, Portugal
 
Cuando: 26, 27, 28 y 29 de agosto del 2015
 
Como: Abarrotado "Sold Out"
 
Fotos: Neelam Khan Vela
 
 

Segunda y última parte de la crónica a cargo de Neelam y Lúa de la edición más psicodélica de la historia del Festival Paredes de Coura.

by Lúa Pérez Núñez
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Día 21 (viernes):

Después de lo intenso que había sido el jueves, el primer concierto que vimos el tercer día de festival fue el de Grupo de Expertos Solynieve que junto a Hinds, conformaban la representación nacional en el festival luso. Aunque el sonido no fue ninguna maravilla, pudimos ver a un Jota mucho más entusiasmado de lo que lo solemos ver cuando toca con Los Planetas. Tras ellos, otra de las joyas del festival, los californianos Allah-Las. Quizás alguno pensó que el Palco Vodafone se les podría quedar grande, pero sin duda demostraron que no fue así. Un sonido impecable para una tarde soleada en la que el público coreó (y bailó) himnos como “Had It All” o “Catamaran”.
Nos dimos un descanso para incorporarnos al concierto de Merchandise. Las primeras canciones prometían pero a medida que el concierto avanzaba todo se volvió demasiado plano y monótono.

Pero llegó la salvación de la noche: Mr Charles Bradley. De manera subjetiva, probablemente fuese el mejor y más especial concierto de todo el festival. Un Charles Bradley empapado en sudor y totalmente entregado al público hizo resonar su rasgada voz en el valle donde la multitud, algunos llorando, otros bailando, contemplaba extasiada el espectáculo de soul que estaban presenciando. Respaldado por una banda de virtuosos (porque no existe otra manera de calificarlos) todos los que estábamos allí sentimos que estábamos viviendo un concierto único e íntimo a pesar de estar rodeados por miles de personas. Sin duda, Charles Bradley se posicionó en el Top 3 de Paredes de Coura 2015.

Faltaba aún el cabeza de cartel de esa noche, The War on Drugs, pero un poco como el primer día, sentimos que no estuvieron a la altura. Tal vez fue por tocar justo después del increíble Charles Bradley, pero la banda de Kurt Vile nos supo a poco. El sonido flojeó durante toda la actuación, que sólo se tornó interesante cuando sonaron hits como “Red Eyes” o “Under The Pressure”, pero de todas formas salimos con la sensación de que había sido un concierto más.

El tercer día decidimos no agotar más fuerzas para estar a punto el último día de festival.

Día 22 (sábado):

El último día se presentó muy interesante debido a la diversidad de propuestas: la psicodelia de Temples, las baladas de Lykke Li, la electrónica de Ratatat y The Soft Moon… Ese día nuestras esperanzas estaban puestas en el Palco Vodafone, aunque veríamos dos de los mejores conciertos del festival en el Vodafone FM.

La última jornada comenzó con los brasileños Banda do Mar, que dieron paso a Woods, una de las bandas más esperadas de la tarde. Con un sonido impecable, fueron hilando su folk rock con destellos de una psicodelia progresiva que tenía ensimismada al público. Cerraron con el tema de nueve minutos “With Light and With Love” y dieron paso a Temples. A pesar de que fue un show bien ejecutado y con puntos álgidos como cuando sonó “Mesmerise”, a la formación inglesa, dirigida por un casi-clon de Marc Bolan, le faltó algo de actitud sobre el escenario.

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En ese punto de la noche, tocó desplazarse hasta el Palco Vodafone FM para ver a uno de los grupos que más ganas teníamos de ver, Fuzz, la banda del polifacético Ty Segall junto a Charlie Moothart. Quizás fue la audiencia más enloquecida que tuvimos la oportunidad de ver en el festival: una masa de gente agitándose en un pogo del tamaño de la carpa del escenario menor. Aunque casi impracticable (tanto entrar como salir de allí), la voz de ultratumba de Ty rugiendo desde la batería y los riffs pesados que se oían desde casi cualquier punto del recinto hicieron cerrar el concierto con una sensación renovadora que nos dejaría con energía para todo lo que quedaba de noche.

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De vuelta al Palco Vodafone, le llegó el turno a Lykke Li, concierto sobre el que hay un poco de pro y un poco de contra. A su favor: el sonido profundo de sus baladas y su peculiar voz no podrían haber conjuntado mejor con el valle courense, que se inundó de un sonido envolvente que hizo las delicias del público. Sin embargo, además de hacerse un tanto corto, fue una actuación bastante plana de principio a fin, donde quizás el único momento destacable fue el esperado “I Follow Rivers”.

Tocó despedirse del escenario grande con los esperados Ratatat. Aquello fue una mezcla entre un espectáculo de rock y una sesión de electrónica, que sin duda fue un gran acierto para dar paso a la recta final del festival. El público estaba muy animado pero hacia la mitad y final del concierto quizás pecó de ser una actuación un tanto monótona.

Y llegó otro de los momentos más ansiados de la noche, el casi-cierre de festival con The Soft Moon. Un espectáculo sonoro (y visual) que pareció durar horas, pero no por monótono o aburrido, sino porque todos los que estábamos allí concentrados nos encontrábamos en un trance absoluto. Las capas de sintetizadores y la línea de bajo que se hermanaban en una espiral oscura nos hicieron bailar y estar absortos a partes iguales.

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Se acercaba el final y el correspondiente cierre con Sascha Funke. Como es habitual en el festival, reunió a todo el público que quedaba animado bajo la carpa del Vodafone FM, haciéndonos bailar hasta el amanecer con temas clásicos (y no tan clásicos) de la electrónica como “We Are Your Friends” de Justice, “Inspector Norse” de Todd Terje, “Technology” de Daft Punk o el que probablemente se convirtió en uno de los himnos de la última edición del festival courense, “Let It Happen” de Tame Impala.

Y al día siguiente, la lluvia que después de una semana de intenso sol parecía una señal para abandonar los montes courenses, nos devolvió un año más esa sensación de que acabábamos de vivir el mejor festival del año. Quizás después de todo esto entendemos el por qué de un merecidísimo sold out, que seguramente no será el último.


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Lúa Pérez Núñez