Crónica : Los Planetas @ Praza da Quintana

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Posted septiembre 2, 2014 by in

Donde: Praza da Quintana, Santiago DC
 
Cuando: 25 de julio de 2014
 
Como: Buena entrada, pero sin llenar la plaza.
 
Fotos: Aymará Ghiglione
 
 

Crónica del concierto que la banda de Granada ofreció en Santiago de Compostela en el día grande de Galicia.

by Jose Lemur
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El tiempo tiene muchas formas de mostrar su paso y permanencia en nuestras vidas. En la del fan indie en España tiene una cronografía que puede medirse con cada álbum y cada gira de Los Planetas. La constatación de que este año se cumplen veinte años de la edición de “Super 8” (RCA/ BMG, 1994) hace volver la vista atrás para contemplar la evolución de una banda que ahora mismo parece estar en el dique seco.

Precisamente Disco Las Palmeras!, escogidos para ser sus teloneros, participaron en el disco-libro homenaje “De viaje por Los Planetas” (Ondas del Espacio, 2014) que celebra esos veinte años. La formación liderada por Diego Castro, a la voz y con su guitarra-bajo, ha sido recientemente ampliada con la incorporación de Olalla Caamaño, antes en Mullet y Musel, uniéndose a José Castro a la batería y Julián Goicoa a la guitarra. Micrófonos que parecían estar cerrados y sonido en una masa confusa indicaban que no se estaba haciendo un buen trabajo con la banda gallega desde la mesa de sonido. Una pena porque se intuían, más que se escuchaban, temas como “La casa cuartel” de su debú o la desafiante “Que rueden cabezas” de su tremendo “Ultra” (Matapadre, 2013).

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Los Planetas cerraron unas pocas fechas para este 2014, y sin un disco nuevo desde “Una ópera egipcia” (2010, Sony M.E) podrían hacer pensar que sus actuaciones se convertirían en un cumpleaños total lleno de hits atemporales. Craso error. Los que presuponíamos un épico repaso por aquellos maravillosos años nos equivocábamos totalmente.

Los “granaínos” recalaban en Santiago de Compostela, en el día más simbólico del Antiguo Reino de Galiza, completando el cartel para las fiestas del Apóstol. Ellos sí disfrutaron de un buen sonido y de un apoyo visual que remarcó su música. Comenzaron recordando que sus dos últimos discos les hicieron sumergirse en sus raíces granadinas para evolucionar hacia algo nuevo y, a mi juicio, salir de un estancamiento creativo. Este proceso consiguió deserciones y nuevas adhesiones (puede que menos de estas últimas). Se escuchaba a alguna gente entre el público hablar de “esa gitanada” o de no soportar el “rollo flamenco”. Estos últimos debieron sufrir con “Los poetas”, sublime el clímax creado, o la instrumental “La llave de oro” que abre su último disco, con el “Romance de Juan de Osuna” de sus “Cuatro palos (EP)” (Sony M.E., 2010) dedicado a Manolo Caracol, o con “Corona de estrellas” en uno de los mejores ejemplos del nuevo pop “agitanado” planetoide. Recordé el concierto del 2010 en la playa de Riazor con sensaciones parecidas, la de una intensidad más serena y que la voz de Jota suena más cómoda cantando en esos palos apócrifos.

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Son de tierra de sagrada mística, de San Juan de Dios a José Val del Omar, y parecían encontrarse a gusto ante la catedral de Santiago. La usaron de fondo en el vídeo que apoyaba “Santos que yo te pinté” de “Unidad de desplazamiento” (RCA /BMG, 2000), momento en el que Jota, Eric, Banin y Julián ya estaban perfectamente instalados en el escenario. Eso sí, pasaron de una nueva espiritualidad a lo mundano. La carga de efecto retardado que es “Toxicosmos” unió en coro orgiástico a casi todxs. Eric Jiménez pareció redoblar esfuerzos cuando se le cita en “Un buen día”, canción que junto a “Devuélveme la pasta” (con un animado Florent reclamando palmas) recuerda aquello de lo costumbrista de sus letras y la “malafollá” (entendida como ironía y humor negro similar a la “retranca gallega”).

Tenía mis dudas de cómo sentaría un concierto de Los Planetas a alguien como yo que los entronizó en el año 1994, que los vio languidecer, o desvanecerse, con un ideario errante hasta que se encontraron en su propio camino de Damasco, y que fue olvidando en la memoria emocional esos discos que sólo se usan en fiestas de exaltación de la amistad. Mientras sus canciones en sombra tornaban el día en oscuridad comprobé cómo siguen funcionando esas canciones para activar el recuerdo y cómo han cambiado de significado. No me entusiasma de la misma manera que hace veinte años escuchar “David y Claudia” o “De Viaje”, dejadas como bis, y encontré más estimulante la mística, que no ascética, de sus últimas producciones.

No sé si tendrá continuidad esta deriva planetaria, pero hay un camino trazado ya en sus bandas paralelas, tanto en Los Pilotos como en Grupo de Expertos Solynieve o Los Evangelistas que puede dar por zanjado el viaje de la nave nodriza.

 

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Jose Lemur