Crónica : Niño y Pistola @ Sala Capitol

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Posted junio 15, 2015 by in

Donde: Sala Capitol de Santiago de Compostela
 
Cuando: 8 de mayo del 2015
 
Como: Abarrotado
 
Fotos: Cris Andina
 
 

Juan José Abella nos cuenta desde su óptica personal y con las fotografías de Cris Andina como resultó el último concierto de Niño y Pistola en la sala Capitol.

by Juanjo Abella
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Capitulo I: Palabras que asustan.

Adiós’ es una palabra que asusta. Asusta, porque sabemos que se extiende más allá de una breve anatomía de apenas cinco letras*. Asusta, porque nunca sabemos cuándo o cómo utilizarla. Porque cuando debería sanarnos, nos hace aún más daño.

Sin embargo, el viernes pasado, Niño y Pistola nos dieron una razón más para sindicarnos contra el adiós. Para darle una patada en el culo. A veces, no hay silencio. Ni olvido. Y el adiós no puede existir si se vacía de cualquier significado.

La idea, antes de que la banda abriese el fuego con los primeros acordes de ‘She Was So’, era conjurarse para detener el tiempo. Cualquier instante entre la primavera de 2006 y ‘Bye Kid’ hubiese servido. Os juro que lo intentamos de maneras inverosímiles, abrazándonos muy fuerte, apretando los puños hasta hacernos daño. Pero las luces se apagaron de repente y no nos quedó más remedio que darle la vuelta al reloj de arena.

A partir de entonces, cada uno de nosotros tomó un rumbo distinto, mil direcciones diferentes sobre un mapa desconocido. Fue fácil despegar. Mientras saltábamos sobre la contraportada de  ‘Arthur and The Writers’, no nos pesaban los bolsillos. Todavía no. Not the time.

Cuando te acostumbras a que una banda se acomode entre las páginas de tu diario, se desdibujan todos los secretos. Cada acorde, cada estrofa tiene un significado tan íntimo, tan indescifrable para todos los demás que, aunque nos moviésemos a la vez desde el primer compás de la danza ritual de ‘Indian Song’, cada uno de nosotros estaba bailando una canción absolutamente diferente. Nuestra. ‘Follow The White Stones’ y ‘Box of Brass’ completaban el primer set extraído de ‘There’s A Man…’ sonando grandes, buscándonos mientras volvíamos de todas las esquinas. Tabaco de mascar y tinajas de bronce. Botellas de cristal colgando de las ramas.

Para entonces, cantábamos hasta que nos dolía el cuello y el mundo, de puertas afuera, probablemente se estuviese moviendo a otra velocidad. Bajo los focos de la Sala Capitol, estirábamos y encogíamos el tiempo casi a nuestro antojo.

Volvimos al principio, rebobinando los días. Sin bombos. Sin tomas eléctricas. Chapas y camisetas a rayas. ‘Anyway’, ‘Medication’… vestidas con los watios indispensables, como cuando pensábamos que todos los escenarios eran nuestros, pero alguien se empeñaba en alejarlos si nos acercábamos demasiado. Las canciones nos hacían parecer invencibles, pero éramos pequeños, como un maldito guisante.

NYP Cris Andina

Capítulo II: La noche entre los dedos.

Pasamos casi de puntillas sobre el tracklist de ‘Culebra’, tratando de no estropear nada, de dejar intacto un disco redondo, aunque siempre se quede un poquito atrás en la estantería. ‘In My Head’ o ‘Science of Sleep’ son canciones de las de agarrarse de las manos y mirarse a los ojos al cantar el estribillo, pero apurar la cerveza durante las estrofas, para que no se note que hemos ido con los deberes a medio hacer.

Mientras cruzábamos muecas cómplices con caras conocidas, la noche se nos iba escurriendo entre los dedos, casi sin darnos cuenta. Antes, volvimos por un instante a enfundarnos el peto vaquero para saltar sobre balas de paja al ritmo de ‘Catch the Sun‘. En 2010 ganamos mucho más que un mundial de bola en el pasto.

Reconocer las primeras notas de ‘Deep In the Fall’ fue como chocar contra una baliza en la bocana del puerto. Sabíamos que no podía quedarnos mucho viaje por delante, pero nadie quería parar máquinas.

Alguien hizo correr la voz de que, en algún lugar de la sala, Tom cargaba el tambor de su revólver una última vez. Entonces, decidimos dibujarnos una diana en el pecho y pelearnos por terminar sobre la brea de cualquier carretera de Alabama con el cuerpo tatuado de balas del Val Miñor. Bailar hasta que las piernas ya no quisieran sostenernos. Morir con las botas manchadas de rock y Estrella.

El segundo set del último largo de la banda fue metralla emocional. Se contabilizaron las primeras bajas en el bando de los buenos. ‘I Used to Drive a Truck’, ‘With Fifty Dollars…’, ‘By the Grace of God’ y ‘And Then the Rain…’ pesaban en los hombros, como si de repente nos hubiesen cargado los negativos sin revelar de más de diez inviernos a la espalda. Tal vez. Muchos no quisimos mirar.

Habíamos prometido no llorar en público, pero nos dio igual. Perdimos todas las apuestas. Rebañamos lo poco que quedaba de ‘Bye Kid’, mientras mezclábamos ansiosos letras, títulos, anécdotas… cualquier cosa antes de bajar los brazos y aceptar que el tiempo nos ganaba por medio cuerpo. Just go ahead, kid. It’s almost done.

NYP Cris Andina 1

Capítulo III: Like a happy tune.

Al final, los acordes se fueron apagando, volvieron las luces. Habíamos perdido, esta vez. Pero solo esta. Fue una noche de reencuentros, de dedos en los trastes equivocados, de sonrisas, lágrimas y móviles en alto. Niño y Pistola habían decidido poner punto y final a este capítulo y teníamos que estar allí. Para agradecerles el haber formado parte de la banda sonora del mejor verano de nuestra vida, de la ruptura de la que pensábamos que no saldríamos, de los viajes interminables y las noches demasiado cortas. El haberse colado en el álbum de recuerdos de unos años irrepetibles.

Estoy seguro de que quisieron decirnos ‘adiós’, pero tal vez no eran conscientes de que ya no era posible. De que hace tiempo que se habían quedado aquí** para siempre. Like a happy tune that never becomes sad.

* lejos de las treinta y dos de ‘supercalifragilisticoespialidoso’, otra palabra que acojona.
**(se señala el pecho).

NYP Cris Andina 2


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Juanjo Abella