Crónica: NOS Primavera Sound @ Porto (Sábado)

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Posted septiembre 1, 2015 by in

Donde: Parque da Cidade (Porto)
 
Cuando: 4, 5 y 6 de Junio de 2015
 
Como: Muy buena entrada
 
Fotos: Hugo Sousa
 
 

Lo bueno se acaba y con esa sensación melancólica afrontamos la última jornada del NOS Primavera Sound. Un día sin demasiados bajones en el que Shellac sin duda hicieron el mejor concierto del festival y en el que destacaron Kevin Morby y Ride. ¡Hasta el año que viene!

by Pedro Mandias
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Tres días en el camping de un festival masificado acabarían con cualquiera, pero la ventaja de un festival cómodo y bien organizado como este es poder plantarse en la última jornada con el brillo todavía en los ojos, la juventud intacta y todas las ganas de ver cuantas más bandas mejor. Vuelta al recinto y leve paseo hacia el Palco Super Bock para quedar boquiabierto nada más ver lo que sucedía sobre el escenario. Y es que una mirada rápida dejaba una cosa clara: Foxygen prometían ser una gran banda, pero algo se torció por el camino. Después de todos los problemas entre sus miembros y de haber dejado un gran disco por el camino, “We Are the 21st Century Ambassadors of Peace & Magic” (Jagjaguwar, 2013) lo que ha quedado es un directo descontrolado y excesivo, donde la actitud pretendidamente desenfrenada produce la misma sensación de repetición ad infinitum que la bola de plástico gigante y el confeti de los conciertos de The Flaming Lips. Vistazo a los contoneos de Sam France y nueva espantada con dirección a la carpa con la esperanza de que Kevin Morby mejorase lo presente.

kevin morby sabado primavera sound 2015

Y tanto que lo hizo. Este parece ser el año en que los músicos de bandas de prestigio (Morby tocaba el bajo en Woods) se reivindican con discos para el recuerdo. Ya lo hizo Joshua Tillman con su último disco como Father John Misty (nunca me cansaré de recomendar el “I Love You, Honeybear”) y también Morby con toda su discografía en solitario. También lo hizo sobre el escenario con un concierto impecable, que dejó muestras de su buen hacer como guitarrista y que ganaba enteros cuando Morby electrificaba el discurso. Da gusto ver al texano instalado cómodamente en el reino de las grandes canciones, ese al que pertenecen “Harlem river” y “All of My Life”. En Porto sonaron ambas y lo hicieron de fábula. Dentro de unos años tocará en uno de los escenarios grandes. Disfrutadlo en la intimidad mientras podáis.

Vuelta al Palco Super Bock con una sonrisa en la boca, esta vez para ver a Death Cab For Cutie. Ben Gibbard lo ha hecho todo en el mundo del indie pop (incluso ha dejado por el camino algunas gemas de gran pop teen tristón como “I will follow you into the dark”) y junto a Dntel parió un disco maravilloso de ese cajón de sastre llamado indietrónica. Sin embargo, su banda de toda la vida lleva un puñado demasiado largo de años sin sacar un buen disco y la crítica y los antiguos seguidores hace tiempo que le han dado la espalda. Con este cóctel previo es fácil entender ciertos prejuicios respecto a su concierto en el Parque da Cidade. Sin embargo (hay que reconocer que tragarte tus prejuicios es un ejercicio vital sanísimo) el concierto de Porto pasó con creces el aprobado. La banda, engrasada, la lista de hits abundante y el público entregado cuando sonaron “I will possess your heart” o “Soul meets body”. Una pena que la velada no se redondease con un poco más de corazón y un poco de nivel en los temas de la clase media.

¿Siguiente paso? Ride. Si analizamos los carteles festivaleros de los últimos años queda claro que no podía faltar la enésima cita con el revival shoegaze. El problema es que Ride no son, ni mucho menos una banda más dentro del género. Si Slowdive llevan un par de años dejando bien alto el pabellón, los de Oxford está claro que no quieren ser menos. Se beneficiaron del buen sonido que acompañó en general a todos los escenarios principales y cuando esto sucede y además traes en la mochila un buen saco de hits, es muy difícil que algo salga mal. “Vapour trail” sonó inmensa en la noche portuguesa y “Dreams Burn Down” no ha perdido ni un ápice de sensibilidad y contundencia con el paso de los años. Emoción a flor de piel con una banda que sigue siendo modelo a seguir para infinidad de grupos y que en la actualidad sólo se encuentran una cabeza por detrás de Slowdive en lo que al escalómetro de revivals se refiere.

¿Y qué decir de Shellac que no se dijese ya? Simplemente hay un nivel de diferencia entre Albini y el resto. Saca partido a cada instrumento y a cada gesto. Y precisamente por ello resulta imposible no rendirse ante un show que no por repetido (lo llevan calcando hasta el mínimo tic desde hace años) y visto resulta repetitivo. Porque la perfección es lo que más se repite en los conciertos de Shellac. ¿Y la perfección nunca resulta repetitiva, verdad?. Y si Albini y compañía no aburrían cuando giraban con discos con años acumulados, mucho menos cuando lo hacen con “Dude Incredible” (Touch and Go, 2014) en la buchaca. Su último largo se integra perfectamente en el show, dejando todavía protagonismo a los temas de antaño. Sonaron mi queridísima “Prayer to God” (imposible no emocionarse con su letra cargada de rabia y odio) y el pogo apareció puntual a su cita con “Steady as She Goes”. Mucha cara de asombro y de satisfacción entre los neófitos y reencuentro con los golpes y la euforia descontrolada en la parte delantera. Pero para redondear la experiencia y premiar la fidelidad el concierto nos tenía una sorpresa final reservada. Albini encaraba el spoken word de “End of the Radio” mientras Todd Trainer jugaba a la intimidación medio canalla, medio turbia con su mirada. En un momento hizo que la varita mágica de su batería ascendiera al cielo, rebotara en el techo (será la última vez que lo diga, pero bendita carpa) y terminase -cosas de la vida y de la lucha- en nuestras manos. No tardará en adornar la redacción de Desconcierto.

Comparto hasta cierto punto el entusiasmo generalizado de nuestros compañeros de viaje con Ought. Sobre el escenario la banda borda algunos temas y muestra una energía y una compostura impropia para su edad. El cuarteto ha ido dando señales de su existencia a través de la aparición de su nombre en carteles de élite como el del ATP y aunque su nombre no nos entró en los meses previos por los oídos ni por los ojos, una vez allí su sonido sí lo hizo hasta el punto de incluirlo en más de una de nuestras playlist. Sin embargo, sobre el escenario portugués su actitud distante y agria no favoreció un discurso que se alejaba mucho de lo que la situación y las horas de la noche pedían. Pese a ello su actuación fue una reafirmación y la banda logró consagrarse como una de las gratas sorpresas del festival y una firme apuesta en el panorama musical, con riffs eclécticos que versan entre la liga Wire y Fugazi, siempre cerrándose en círculos a una densidad y desgarro propia del post-rock plasmada por ejemplo en su famoso tema “Habit”, o la perfecta ejecución de su “Beautiful Blue Skies”. Quién sabe si es mera casualidad la rima con “Pale Blue Eyes” de la Velvet, pero a los de Quebec se nota que le gusta, y mucho.

health sabado primavera sound 2015

Afrontamos el final del festival con los conciertos de Health y Roman Flügel. Los primeros comienzan a acusar una preocupante pérdida de frescura e ideas. Escuchar un temazo como “USA Boys” y la esperanza de que el “Get Color” (City Slang, 2009) cope el setlist puede ser razón suficiente para confiar en ellos y pasarse por la carpa, pero lo ramplón de su actuación hizo que la próxima vez nos lo pensemos dos veces antes de volver a uno de sus conciertos. Respecto a Roman Flügel, hay que reconocer que su final de fiesta no es la del Primavera Sound Barcelona,  esa que desde hace unos años se convirtió en emblemática gracias a Dj Coco. Sin embargo, con su sencillez recordó a la que protagonizaron Akkord en el L.E.V. de este año: pan para un pueblo que pide fundamentalmente baile y diversión. Efectividad garantizada y un público que aplaudía y bailaba entregado cada nuevo tema.

¿Y cuales son las conclusiones después de tres días de festival? El festival destacó un año más por su entorno privilegiado (Porto y el propio Parque de Cidade son el lugar perfecto para un festival de estas características), por lo respetuoso de sus asistentes y una organización ajustada al milímetro. Si a eso le sumamos la mejora sustancial de la calidad del sonido (incluso en la carpa), el buen trato a la prensa y los perfectos transportes, llegas a la conclusión de que el NOS Primavera Sound se está convirtiendo en el equivalente al Teatro de Policarpo Sanz en Vigo: ese lugar donde desearías ver tocar a tus grupos favoritos. Una pena que en esta edición el cartel dejase una cierta sensación de decepción en lo que respecta a los grandes nombres, un handicap que, echando la vista a los carteles anteriores, seguro que solo es un bache temporal. ¡Nos vemos el año que viene!


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Pedro Mandias