Laboratorio de Electrónica Visual L.E.V @ Gijón

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Posted mayo 20, 2014 by in

Donde: Varios espacios, Gijón
 
Cuando: Días 2 y 3 de mayo del 2014
 
Como: Sold Out
 
Fotos: Organización del L.E.V.
 
 

Repaso en forma de crónica de una de las citas más importantes en el norte de España en materia de electrónica y músicas avanzadas.

by Javier Madeu
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Por fin comenzó la esperada temporada de festivales. Muchos a Murcia al SOS 4.8 y unos pocos a Gijón, al Laboratorio de Electrónica Visual (L.E.V.), en el ya tradicional primer fin de semana de mayo que, en esta ocasión, no contaba sin embargo con el Festival do Norte (recordemos que su próxima edición se celebrará en julio y desde la Illa de Arousa). A bote pronto el L.E.V. gijonés nos deja muchas luces y alguna importante sombra organizativa que, debido al tamaño de la cita asturiana y por lo tanto a sus necesidades logísticas , nos sigue causando bastante asombro aún a pesar de la reincidencia.

En lo musical gozamos de un conjunto de propuestas audiovisuales electrónicas internacionales, heterogéneas, potentes y de vanguardia. Aquí no hay peros, sólo emociones, conexión y gusto personal. Desde Desconcierto destacamos a Herman Kolgen, Robert Henke, Fasenuova, Throwing Snow, Luke Abott, Koreless, Atom TM y Aoki Takamasa por encima de otras propuestas no exentas de calidad y que sobretodo por pura subjetividad no acertamos a destacar.

Primero los palos, anticipo para un dulce final, pues se me hace imposible no empezar dando caña a la organización por una alarmante falta de previsión en dos aspectos clave y que, una vez más, hemos vuelto a vivir cual día de la marmota “Billmurriana”: la retirada de pulseras acreditativas el primer día del festival (este año superó los límites de lo comprensible) y, por otro lado, la escasez de servicios básicos para el público asistente al jardín botánico en la tarde del sábado (bebida o muerte señores!). En el primer punto se dieron casos, incluyendo al que escribe, de esperar hasta dos horas y media para cambiar la entrada adquirida vía internet por la ansiada pulsera festivalera, dos y media!!! Y hablamos de un festival de aforo reducido inferior a las dos mil personas. La nula respuesta al problema que generó dicho retraso fue todavía más alarmante e indignante, pues muchos nos perdimos el bolo de Douglas Dare, una de las sensaciones del momento por su brillante y reciente disco “Whelm” [Erased Tapes, UK, 2014], además de ser su debut sobre los escenarios de nuestro país. Como se pueden imaginar no nos hizo pizca de gracia. Eso sí, después de hacernos perder el concierto y esas dos horas y media, decidieron poner pulseras a todo el mundo sin comprobar realmente la compra de la entrada. Eso en un festival de aforo limitado y condicionado por las 1.426 butacas del teatro y con todo el papel vendido, dos días antes por cierto, es querer buscarse problemas ya que, además, fue notorio que mucha gente estaba intentando conseguir tickets en la reventa. Un completo desastre este hecho que además penaliza al que sí lo hizo bien comprándose la entrada en el momento oportuno y al precio requerido. Pica, así pues, que se note. El L.E.V. es un festival demasiado pequeño (en tamaño ojo!) para que la logística del individuo que asiste sea tan desgraciada y cercana al medievo festivalero de otras citas multitudinarias, lo cual resulta incomprensible.

El festival (recordemos que se trata de una coproducción del propio Ayuntamiento de Gijón, Principado de Asturias, LABoral y Datatrón) cuenta con un recinto único, el de la Laboral Ciudad de la Cultura de Gijón, y tres espacios increíbles: el teatro con su estupenda sonoridad y amplia estructura (aforo sentado), la impresionante y singular iglesia (sin duda uno de los hits propios del festival sobretodo en la presente edición y tras aumentar su protagonismo) y el coqueto jardín botánico Atlántico para la jornada vespertina del sábado y situado frente a la Laboral. El sonido por su parte fue bastante correcto en todos ellos, destacando especialmente en el teatro, como era de esperar, y decepcionando un poco en la iglesia, sobre todo en la recta final del sábado. Una pena pues como no nos cansamos de decir, el sonido es importantísimo en cualquier evento musical y debe ser foco de atención principal para los organizadores. Después de muchos años y de muchos viajes, está claro que en España es un déficit habitual con en el que los espectadores solemos lidiar tanto en las citas festivaleras como en muchas salas de conciertos.

Seismik” de Herman Kolgen fue nuestra entrada al paraíso de la electrónica audiovisual. No defraudó. Un auténtico viaje sensorial basado en espectaculares fenómenos geodésicos en lo visual y en una cañera propuesta sonora culminada con el estruendo que se podría adivinar de su propio nombre. Presentado en exclusiva a nivel internacional, Kolgen establecía el listón L.E.V. para todo lo que aconteciese a partir de ese momento. Al día siguiente el canadiense nos presentó “Differente Trains”, maravillosa obra visual que parte de la pieza sonora de mismo nombre que Steve Reich concibió en 1988 y que un cuarteto de cuerda se encargó de interpretar en armonía con el maravilloso y dinámico imaginario visual de Kolgen.

Esplendor Geométrico más allá de dar el pistoletazo de salida a la imponente iglesia nos dejó un poco fríos al final del bolo. Pasado el efecto inicial del lugar y de la tralla propuesta, “rayos laser a dolor” incluidos tal y cómo anunciaban en su twitter, sus machacones ritmos industriales analógicos y las prolongadas voces guturales de su cantante, no terminaron de convencernos. Cuestión de gustos. Eso sí respeto máximo por estos pioneros nacionales que nos transportaron a un pasado emocionante, oscuro y real. Nos alegramos que estén de vuelta porque no tienen complejos, son brutales y van a lo suyo.

Roberto Henke, más conocido por su proyecto Monolake, es un auténtico investigador, desarrollador y artista en el campo del audiovisual que además comparte de forma gratuita las herramientas que él mismo desarrolla. Su propuesta en este caso fue “Lumiere”, una impresionante y contundente pieza sonora acompañada de hipnóticas y precisas proyecciones laser quizá excesivamente geométricas y repetitivas pero que llenaron el teatro de sincronía, pegada y oscuridad. Excepcional.

Robert Henke

Fasenuova comenzaron un poco aburridos en mi opinión pero su bolo fue creciendo hasta un gran final en el que la iglesia sonó quizá como nunca en esta edición. Muy interesante la progresión experimentada por el proyecto asturiano desde la primera vez que los vimos en directo un par de años atrás. Por su parte el bueno de Vatican Shadow (Dominick Fernow), líder de Cold Cave y también responsable de hasta 17 pseudónimos según cuenta la leyenda (Prurient entre ellos), se lió a linternazos por el escenario de la iglesia. Lanzaba el tema y venga a pegar botes y linternazos. Su música densa y oscura se difuminaba sin demasiada relevancia por la majestuosa iglesia. Uno de los triunfadores del pasado Sónar hubiera pasado inadvertido si no hubiera sido por la dichosa linternita. Mal final para el primer día de festival.

Ya que no llegamos a tiempo al jardín botánico para la actuación de los locales HUIAS (imperdonable lo reconozco pero aún siendo buenos ya saben cómo es despertarse un post primer día de festival…), Throwing Snow primero, y Luke Abbott a continuación, nos brindaron una animada y bailable jornada de mañana. Ambos directos se conjuntaron a la perfección en la dosis de baile emocional e IDM más generosa de todo el evento. Una pena el reducido tamaño de la pista frente al artista, pues la cantidad de gente presente hizo que muchos disfrutaran de la jornada demasiado alejados del lío. Sin duda la belleza del lugar rescata la idoneidad del jardín botánico para un público quizá más numeroso de lo esperado.

Ya por la tarde noche, y de vuelta en el recinto de la Laboral, Martin Messier arrancó sus “Proyectors” a paseíllos por el escenario del teatro. Sin duda una apuesta arriesgada la de articular un directo de electrónica a través de tres viejos y retocados proyectores de 8mm. y bajo la luz de uno digital como sutil marco de convivencia. Interesante y elaborado pero no muy lúcido en su output sonoro final. En todo caso se agradece y valora la experimentación propuesta.

Martin Messier

A Koreless le tenía ganas. El brillante galés que graba para Young Turks ofreció un auténtico viaje por estructuras electrónicas amables y atmosféricas alcanzando el pico con su celebrado tema “Sun” y aumentando su pegada hacia el final aunque seguramente no todo lo deseado. Aún así una apuesta única y también arriesgada que a muchos llenó. De vuelta en el teatro, el alemán Uwe Schmidt sacó a pasear su cacareado “HD” bajo su alias ATOM TM (este bate el record de pseudónimos con más de 60!). Controlando audio y vídeo en tiempo real desde el escenario, su obra es una auténtica batidora de autor bajo la que tritura todo tipo de ritmos, progresiones y groove a raudales (cover de The Who incluido). Divertido, crítico, efectivo y poderoso el otrora Sr. Coconut.

Koreless

El fin de fiesta, de nuevo y ya de forma definitiva en la iglesia, corría a cargo de Rival Consoles, Aoki Takamasa y Vessel. Un trio final que prometía baile, experimentación y tendencias del futuro electrónico pero, para un servidor, sólo el de Osaka brilló a su altura y destacó algo más que sus compañeros con su propuesta technoide y minimalista, aunque he de decir que el sonido en la iglesia durante la recta final no fue nada brillante ni seguramente el suficiente. Por su parte Vessel nos defraudó a todos un poquito. Sebastian Gainsborough, uno de los jóvenes más prometedores de la escena de Bristol, llegaba para cerrar el festival en modo rodillo futurista pero lo único que mostró fueron las axilas. El rodillo seguramente no cabría como equipaje de mano en el Delorean.

El L.E.V. es una cita sin igual en España en la que cualquier ámbito de la electrónica tiene cabida y desde la que se pueden vivir experiencias sensoriales únicas y también antagónicas. Clubbing, experimental, industrial, IDM, techno,…todas estas ramas y muchas más pueden ser aquí exhibidas y en eso radica también su grandeza. Es un auténtico y heterogéneo escaparate del presente de la música electrónica y de la creación audiovisual de vanguardia. Seguramente no para todos los públicos o para amantes acérrimos de alguno de los géneros de la escena electrónica, pero muy recomendable para espíritus inquietos y abiertos a la sorpresa, a los contrastes y a la magia. Sólo esperamos que esos claroscuros que mencionamos se resuelvan en futuras ediciones con la simpleza que, al menos desde fuera, parece que podrían resolverse. Desde Galicia además cada año es más cómodo y rápido viajar a Asturias y visitar a primos-hermanos, así que no dejaremos de hacerlo para seguir apoyando y alucinando. Lo dicho: larga vida al L.E.V.!


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Javier Madeu