Primavera Club Barcelona

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Posted diciembre 17, 2012 by in

Donde: Barcelona (Distintos espacios)
 
Cuando: 6, 7 y 8 de diciembre del 2012
 
Como: Entradas agotadas
 
Fotos: Dani Cantó y Damia Bosch
 
 

Juan B. Quintela relata el último certamen invernal que, esperemos de momento, pierde su sitio en la ciudad condal y tambien en nuestro Estado.

by juanbquintela
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Punto final.

Ahora que es definitivo y sabemos que el Primavera Club se marcha de Barcelona y Madrid a Burdeos, sede que se sumará a la estrenada este año en Guimarães, podemos valorar más lo que nos ha dado durante estos años el festival invernal, al que el público volvió a responder este año con un sold out que tiene más mérito aún teniendo en cuenta la época de crisis en la que nos encontramos. La noticia era previsible después del ataque al que se ha visto sometido por los Ayuntamientos de Madrid y Barcelona, incapaces de valorar una propuesta que apostaba decididamente por el riesgo, la innovación y la diversidad en la música popular actual. La denegación de los permisos para realizar los conciertos días antes del festival como ocurrió con la sala Apolo o el Mercat de las Flors o la ridícula reducción de aforo en una de las naves del Matadero, consecuencias probablemente de la ineptitud del propio gobierno de Madrid para gestionar la tragedia del Madrid Arena, han llevado al festival a tomar esta decisión que, a pesar de ser previsible, estoy seguro que ha sido dolorosa para los propios directores y, sobre todo, para el público de Barcelona y Madrid.

En Barcelona los conciertos se centraban fundamentalmente en el Sant Jordi Club, con aforo de 4.000 personas, que concentró a los principales cabezas de cartel y el Teatre Arteria Paral.lel, un nuevo recinto propiedad de la SGAE que debería tenerse en cuenta para programar futuros eventos musicales. El Sidecar, Atic y la sala Monasterio completaban la programación. La travesía por el bosque para llegar al Sant Jordi Club, en uno de los fines de semana más fríos del año en la ciudad condal, además de los problemas para utilizar el ropero en este mismo recinto, fueron quizá los puntos más negativos de estos espacios.

El jueves la curiosidad nos obligaba a ver a Swans y Michael Gira y los suyos nos enseñaron las puertas del infierno en un concierto visceral, directo y extremo que muchos no olvidaremos. La organización ofreció gratuitamente tapones que resultaron ser necesarios para disfrutar del espectáculo físico y psíquico al que esperadamente nos sometieron. Mayor sorpresa fue que los programaran en un lugar tan grande y que tanta gente se acercara allí a verlos. Con un setlist que no llegaría a las diez canciones y con algunas como ‘The Seer‘ de más de media hora de duración indujeron al público a un estado cercano al trance, que sin embargo no duró más de un rato, ya que al cabo de una hora el concierto resulta extenuante y se torna en su contra. Y es que Gira no sabe de términos medios.

 

Para la segunda jornada comenzamos con el show de Little Wings. Kyle Field, al igual que su antiguo compañero de grupo M. Ward, sabe mezclar folk, americana y soul con una voz característicamente hipnótica. Un concierto delicioso para entrar en calor.

 

En el mismo recinto nos quedamos para The Monochrome Set que ofrecieron un espectáculo intenso pero irregular que sirvió de transición mientras esperábamos a una de las bandas más destacadas del festival. Redd Kross, que presentaban “Researching the Blues” (Merge, 2012), desempolvaron con enorme éxito la caja del power pop noventero y pusieron patas arriba a un público que aún sueña con discazos como “Third Eye” (Atlantic, 1990) o “Phaseshifter” (This Way Up, 1993). En cuanto tocaron los primeros acordes de ‘Annie’s Gone‘ les perdonamos hasta la pose ridícula que tenían y nos encontramos de lleno ante uno de los grupos del momento. Están de vuelta y esperamos que para mucho tiempo.

En el Sant Jordi Club nos encontramos a Triángulo de Amor Bizarro destrozando tímpanos a un volumen ensordecedor. Son muy buenos, pero son mejores aún como teloneros de Los Planetas. Pocos grupos han sabido actualizar el indie español como ellos y Los Punsetes, que tocaron en Madrid. ‘De la Monarquía a la Criptocracia‘ debería ser himno nacional. Se había hablado tanto del concierto de Los Planetas que era difícil que cumpliera las expectativas. No funcionó bien la treta de la alineación de los planetas para hacer un concierto con un repertorio muy actual y pocos grandes éxitos como quizá se había hecho pensar, aunque mucho más digno de a lo que nos tiene acostumbrados Jota y compañía. Ofrecieron un espectáculo de grupo grande, medido y serio, que además sirvió para descubrir que los himnos planetarios tocan ya a dos generaciones, entre los nuevos fans universitarios y los calvos que rozan la cuarentena hay una edad. Un buen día, ‘Santos que yo te pinte‘ o un ‘Toxicosmos‘ recortado fueron de las más coreadas por la muchachada que llenó el Sant Jordi Club como en ningún otro concierto.

La resaca planetaria nos duró hasta bien entrada la tarde del sábado y parece que nos perdimos uno de esos conciertos memorables a los que nos tiene acostumbrado el festival. Mac Demarco llenó la pequeña sala Monasterio hasta la bandera dejando muy buenas sensaciones a los asistentes. Desgraciadamente en estos festivales no puedes verlo todo y nos fuimos directos al Sant Jordi Club donde Toy estaban demostrando con gracia que son algo más que uno de esos hype que nos intentan colar las revistas inglesas. Imprescindible seguirles detenidamente.

Mark Lanegan llegó y venció con la misma poca gracia de siempre y casi ni un hola de refilón. La luz tampoco acompañaba y desde más allá de la décima fila ni siquiera podías reconocerle la cara. Eso sí, musicalmente es una fiera y acabar con una autoversión de ‘Hangin’ Tree‘ de los Queens of Stone Age fue el éxtasis.

Reconozco la gracia del “Before Today” (4AD, 2010) de Ariel Pink’s Haunted Graffiti pero me resulta insoportable su pose de divo nuevayorkino. Algún fan cegado lo comparaba a la salida con David Bowie, cosa que no veo más allá de sus excéntricos modelitos. El concierto sólo rozó el éxito con ‘Round and round‘ que resulta un hit pop monumental. A partir de ahí el desastre. Si lo hubiera hecho un artista de aquí no le volveríamos a ver el pelo, o la peluca, por los escenarios en muchos meses. The Vaccines no subieron demasiado el nivel pero al menos dejaron sudor en el escenario, lo cual es agradecido hasta para aguantar a la banda del momento. El resto fue música vitamínica para jóvenes con ganas de marcha; que no es poco.

Atrás quedaron tres jornadas caóticas pero memorables que, ojalá, puedan volver algún día a nuestros escenarios. Mientras tanto Guimarães nos queda a tiro de piedra de Galicia. Aprovechémoslo.


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juanbquintela