Betunizer – Boogalizer

1
Posted marzo 30, 2012 by in 2012

Escuchar:
 
Publicado:
 
Sello:
 

BCore Disc, 2012

Rating

Valoración
 
 
 
 
 

5/ 5

by Toñocornibot
Full Article

Dos semanas llevo persiguiendo el ritmo de “Cedric Ceballos”. El ritmo en cuestión es un caballo loco que sigue su propia marcha, capaz de ubicar sus cuatro patas en cada región del espacio sin tropezar, pero manteniendo un aura de descontrol y belleza salvaje: tal cual Betunizer. Ando persiguiéndolo porque, a pesar de estar más o menos versado para la música, es imposible saber por dónde discurren los beats de esa batería marciana y energética de Marcos Junquera, y por dónde se calibran con los otros dos fantásticos instrumentos.

Pero el cuerpo es más viejo que el cerebro y sabe lo que es bueno, y se deja llevar por esta arrolladora máquina de epatar. Vaya ritmo, vaya tema, vaya sonido, vaya discazo. Vaya dosis de macarrismo poscoreta es “El rejoneador del frac”. Vaya zambombazo es “Imagina que matas a Jota”, con su bombo-ametralladora golpeando violentamente pero con gusto como un ataque de risa.

Porque todo el universo musical y lírico de Betunizer tiene un poco de ahostiante y un poco de juguetón, algo de virtuoso y mucho de bailarín: en el juego de bailes absurdos entre esa tremenda base rítmica (que se completa con el indescriptible toque de bajo de Pablo Peiró) y la flotona guitarra de José Guerrero, sus voces y letras parecen encajar como cerrando el círculo absurdo de un rompecabezas de lo más chanante. El sujeto que te habla desde las entrañas de Betunizer es un tipo de esos ante el cual no sabes si partirte de risa o echar a correr.

Carne y Diablo”, con su sonido entre tropicoide y dischordiano, se entrelaza con una estructura pop de toda la vida, lo cual hace el mazazo todavía más desconcertante. “Espuela de calor” pone una marquita más en el contador de éxitos mediterráneos y juguetones de la banda. Por su parte, la estrafalaria “El aguilucho es el hijo del águila” abre el espectro e interrumpe la sucesión de puñetazos en la cara para darle más profundidad y carga ideológica a la paliza que le están pegando a tu cabeza con esta escucha. Evoluciona de un suave arranque de bailar en pista a un despiporre final, conducida por una letra de lo más bizarro que te puedes encontrar, deje folclórico incluido. Un disco en una sola canción, virgen santa.

El más corto y lineal “Cocotero” y la relativamente ligera “Cani, armagnac y per terre” bajan de tempo pero no de intensidad: las conduce una base rítmica ambigua, controlada pero agresiva como un hipopótamo alterado. Estos dos temas y “Silver Agers” (inmensa declaración de amor -o algo parecido al amor-) dan un margen para estudiar el fantástico sonido del disco, que es agobiante o amplio según el caso, pero siempre a tope, siempre perfecto (nótese la mano de Santi García en una producción impecable).

Pues bien, coger todos los ingredientes del disco y combinarlos de nuevo, pasarlos por la batidora y darles un sentido perfecto, eso son los dos últimos temas: una memorable “Rave en el château”, recordable sobre todo por su inmortalización en el último Festival Metamovida del año pasado en Mondo – donde triunfaron con las dos orejas y el rabo – y una descontrolada “Ill Calceto”. Bueno, todo lo descontrolada que puede ser esta paliza, que está medida al milímetro pero te golpea con camillas, como en las películas de Bruce Lee.
Vaya noqueo de disco.
Madre mía.


About the Author

Toñocornibot


  • jesus rodriguez

    htghhf