Azkena Rock Festival 2010: Sábado

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Posted julio 5, 2010 by Watts in Crónicas de Conciertos

Azkena Rock Festival 2010


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The Cubical resultan sorprendentes, pero no lo suficiente como para dejar atrás el licor café y el postre. Su blues tabernario deconstruido (palabra de moda tanto en cocina como en rock) está bien y promete alegrías pero, de momento, siguen bien en horario vespertino.
Robert Gordon completaba la tripleta rockabilly del festival junto a Kitty, Daisy and Lewis (vale, que no son exactamente rockabilly, pero se pueden meter en el mismo saco con disimulo) e Imelda May. Se hinchó a versiones de clásicos y, si bien físicamente está un poco cascado, su voz sigue intacta. No se olvidó de dejarles su momento de gloria a dos de sus acompañantes en su banda: Chris Speeding y Slim Jim Phantom pudieron lucir también su voz en Mendizabala. Divertimento de lujo.

Con NRBQ la organización jugó al despiste. Al principio eran, después no y parece que al final firmaron como tal pero por lo visto allí nadie sabe que pensar. El caso es que, fueran NRBQ o Terry Adams, la cosa sonó bien como aperitivo de los cabezas de cartel que iban a entrar por el otro escenario. En esas condiciones, la atención está mermada y no puedo ser justo con los chicos (porque eran más chicos de lo que cabría esperar de una banda con esa trayectoria, ¿no?).
A la tercera va la vencida. Esta vez sí disfruté con un Dylan más motivado que de costumbre y con un Charlie Sexton que se toma su papel de nuevo Robbie Robertson en serio. Él solito con sus casi dos metros (contrastando con la menudez del pequeño judío) se echó la banda a la espalda y dirigió a unos músicos que auparon a Dylan donde debería estar. Sí, sigue cambiando sus canciones, eso ya lo hemos asumido, pero en Vitoria esta vez sonaron con alma y ganas. Dylan se atreve otra vez a colgarse una guitarra a su maltrecha espalda, a colocarse en el centro del escenario a cantar y a arrancar sonidos de blues a su vieja armónica ¿Repertorio? ¿Realmente creeis que este señor no puede sacar canciones de su sombrero hasta el fin de los tiempos? (Por si a alguno le interesa lo puede consultar aquí) La versión de ‘Like A Rolling Stone’ de bis alcanzó la apoteosis coreada a gritos por toda la campa de Mendizabala.

Y a lo mejor fuimos unos cuantos los que provocamos que cuando Chris Isaak pisó el escenario del Azkena empezase una lluvia tenaz y persistente que no cejó hasta que el americano lo abandonó. Un problema que no solo no empañó, sino que agregó magia a un concierto que si no alcanza el 10 poco le faltó. Por actitud, sonido, repertorio, voz y carisma. De esto último va sobrado un tipo que lleva años conduciendo un programa de televisión y que sabe lo que se espera de él. Derrochó simpatía durante la casi hora y media que estuvo tocando y no dejó de agradecer a todos los que nos estuvimos empapando sin abandonar nuestro puesto mientras duró el concierto. Concierto que suena a sueño por esas guitarras llenas de reverb, esa escenografía sencilla pero efectiva (nada que ver con Kiss, claro está), esas canciones que llevan mucho tiempo acompañándonos y esa voz ¡Qué voz! Isaak celebró su 54 cumpleaños en un estado físico y mental envidiable entregándonos canciones como soles (‘Dancin’’, ‘Somebody’s Crying’, ‘Wicked Game’, ‘Forever Blue’ en acústico, ‘Oh, Pretty Woman’ de su adorado Roy Orbison, ‘Love Me Tender’ de Elvis, ‘I’ll Go Crazy‘ de James Brown, ‘Baby Did a Bad Bad Thing’, ‘Blue Hotel’, ‘Cheaters Town’ de su reciente ‘Mr Lucky’ y podría seguir hasta que se rematase mi memoria). Los bises con traje de espejos dejaron en discreto el azul eléctrico que lució el resto del concierto ¿Se puede ser un hortera con clase? Respondo yo sin pestañear: SÍ.

La esperadísima reunión de los Toilet Boys (entiéndase la cursiva como una ironía) se quedó sin nuestra mi presencia. Como la mitad del concierto de Hives durante el que tuve que cambiar mi camiseta por una recién comprada y secarme un poco. Por supuesto, tampoco me acerqué demasiado. Mi experiencia con estos tipos y, sobre todo, con el payaso que tuvieron por cantante en Oeiras hace un par de años me tiraron hacia atrás. Reconozco que sonaron potentes y que alguno de sus clásicos (‘Main Offender’, ‘Hate to Say I Told You So’) me hicieron menear la cabeza. Incluso parece ser que Blomqvist hizo menos payasadas de las habituales (aunque no pudo contenerse y agradecer a Dylan y Isaak por telonearlos o reprimir sus habituales grititos de histérica). El escenario, con las letras luminosas con su nombre, lo mejor. El público entregadísimo.
Lo mismo se puede decir de Bad Religion, que para mí han pasado de grupo respetable a grupo repetitivo según transcurren los años sin razón alguna aparente. No es culpa de ellos, la escena ha cambiado y ellos siguen fieles a sí mismos, haciendo la misma canción una y cien mil veces. Como enchufar el condensador de fluzo y viajar al año 90 pero sin haberlo pedido. Tras unos bailes y suponiendo que ‘American Jesus’ la dejarían para el final, alguien me recordó que al día siguiente había varias horas de carretera.
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