Azkena Rock Festival: Sábado

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Posted mayo 24, 2009 by Watts in Crónicas de Conciertos

Woven Hand Azkena 2009


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Y llegó el sábado, último día. Con su sesión matinal a cargo de Mike Farris que congregó a la mitad del festival y algunos curiosos y padres con sus hijos. Los puso a todos a corear, pero eso mejor lo dejamos para la tarde. Otra vez los horarios hicieron que no llegase a ver al entrañable Jonny Kaplan pero sí a Dan Auerbach. El de Akron demostró que si no tocaba más tarde es, simplemente, porque sólo luce un disco en solitario en su carrera. Si le acompañara Patrick Carney, otro gallo cantaría. Escoltado por los chicos de Hacienda, consiguió reunir en el escenario a otros pesos pesados de la renovación del sonido americano de raíces al incluir a en las últimas canciones a Juston Stens Trouble de Dr. Dog, con Patrick Hallahan de My Morning Jacket a la segunda batería y los Black Keys representados por el propio Auerbach. El chico despistó afeitándose la barba y, si no llega a ser por esa voz y esos riffs cortantes, dudaríamos de que aquel tipo fuese el mismo que sale en la portada de “Keep It Hid”. Conciertazo de blues, de rock y de folk ejecutado con ritmos machacones e intensos, pese a tener el sol detrás del escenario. “Whispered Words” es de lo mejorcito que sonó en Mendizabala.

Al otro lado el señor de la oscuridad estaba preparando su homilía. David Eugene Edwards logró tornar virtud del sonido embarullado de la carpa y consiguió incomodar a todos los pecadores congregados delante de él. Una versión del “Heart & Soul” de Joy Division dejó claro que, si bien los de Ian Curtis tienen muchos imitadores en la actualidad, Woven Hand son los que mejor captan su espíritu llevándolo a su propio terreno. Ausente el segundo guitarra y presente su antiguo compañero Pascal Humbert, totalmente poseído, el espectáculo se volvió tan incómodo y atmosférico como a ellos les gustaría. Demasiada densidad para esas horas, su música se tornó ruidosa donde en estudio son matices. Convenció, pero no arrebató. Otra hora, otro lugar…

Si te llamas Rob Younger, siempre tienes la presión de hacer honor a tu apellido. Y con el aspecto de Gollum que se le está poniendo al australiano, aún es más difícil. Aún así, The New Christs cumplieron sin despeinarse y sin arrastrar a sus fans a la locura. Demasiados temas nuevos, dicen. Correcto.

Si el Dios de Edwards nos vigila amenazante, el de Mike Farris es todo amor. El ex Screaming Cheetah Wheelies ha abrazado la fe y el gospel. Da igual. Este hombre nació para estar encima de un escenario. Sería lo mismo si hiciese techno, coplas o rancheras, Farris encandilaría a todo aquel que tuviese delante. Si bien lo del gospel no es plato del gusto de todo el mundo, si el que lo ejecuta es un tipo con un carisma desbordante, una voz privilegiada y una actitud comunicativa como la de este señor, la cosa acaba por funcionar. Si en disco resulta pesado o aburrido, qué más da, si en directo va a ser todo energía. Habían pasado justo 24 horas desde que el chiquillo de 24 años del soul blanco pusiera patas arriba la carpa y Mike Farris, con una propuesta con tantos puntos en común como diferencias, lo había vuelto a hacer. Mención especial para las dos hermanas negras que acompañaban al cantante a las voces y los músicos vascos que soplaron los metales. Gracias Mike, por volver.

Molly Hatchet dejaron claro que son un producto de segunda generación. Si llegas con la etiqueta de rock sureño y te lanzas a un “Free Bird”, reconoces donde estás y de donde vienes. Me parece un ejercicio de honestidad, pero no acaba de compensar. A los que ya les gustaban de antes no les defraudaron.
Y ahora, en la carpa, tras dos intentos frustrados y declaraciones de odio por parte de la organización, The Soundtrack of Our Lives ¡por fin! tocan en el Azkena. Mucha expectación y unos de los triunfadores del festival, pese al alto nivel. Centrando su repertorio en su último y grandioso “Comunion” parecía más difícil, pero lo lograron igual. Empezando como el disco (“Babel On”, “Universal Stalker”) dieron rienda suelta a todo el rock y psicodelia que llevan dentro estos chicos. Breve resumen del disco y final apoteósico con “Nevermore” y “Sister Surround”. No sé exactamente lo que duró, pero a mi se me pasó volando.

También se les pasó volando el tiempo a Fun Lovin’ Criminals, que vinieron con ganas de agradar. Leyeron el concierto y a la audiencia y se dedicaron a los hits de sus inicios. Una “The Fun Lovin’ Criminal” rockerizada nos hizo temer por cómo iba a ser el resto. Todos esos himnos del primer disco llenaron casi todo el concierto con un pequeño hueco abierto a “Korean Bodega” y, por supuesto, “Love Unlimited” y “Loco”. Allí estaban, en su traca final, versionando “Foxy Lady” y “Rock’n’Roll” de Led Zeppelin cuando la organización cortó el “We Will Rock You” que prometía un final feliz. Se marcharon muy enfadados, pero Huey tuvo oportunidad de mostrar su clase en Vitoria otra vez, 5 años después.
El montaje de Alice Cooper fue lo que dejó sin tiempo a FLC. Al fondo, una tarima de unos 3 metros de altura donde se situaba la batería oculta por una lona gigante donde se leía el nombre del artista. En sombras, detrás del telón, aparece lo que podría ser Alice Cooper con chistera, pero este es asesinado por el Alice Cooper malo. Comienza el espectáculo. Un espectáculo en el que lanzó collares de diamantes (aunque más bien parecían de perlas del Todo a Cien) asesinó dos veces a su bailarina e incluso a un bebé con su rostro, para acabar ahorcado por sus crímenes con la camisa de fuerza puesta. Si algo no se puede echar en cara a Cooper es su corrección política. Se le pueden echar en cara muchas otras cosas. Sobre todo ese aire heavy un tanto trasnochado que ha inundado sus canciones desde hace ya muchos años y que ha hecho que clásicos como “No More Mr. Nice Guy”, “Is It My Body”, “I’m Eighteen” (cantada con muleta en un gran giro cómico) o “Only Women Bleed” suenen diferentes. Pero el espectáculo, con toda ese toque camp, kitsch y pretendidamente cutre, no se puede obviar. Y mucha gente se lo pasó en grande coreando los pegadizos estribillos o mirando con la boca abierta el aquelarre. Después de que los operarios se llevasen su cadáver aún colgando en la soga, Alice salió a los bises como si no hubiera pasado nada, repartiendo billetes de un billón de dólares con su estoque. Banda sonora, por suspuesto, “Billion Dollar Babies”. Y aún quedaban “Poison” y “Elected” antes de retirarse. Triunfó, sí, pero bordeando la fina línea del ridículo. Todo forma parte de esa figura en decadencia desde hace lustros que representa el señor Furnier. Tiene gracia que siga así a los 60, pero no sé si es recomendable.

Los Toy Dolls fueron cambiados a la carpa para poder recoger toda la parafernalia de Cooper. Como mi odio hacia ellos es algo incontrolable, no os puedo decir nada de primera mano. Pero hay gente que disfrutó e incluso a quien sorprendieron. El camino a casa es largo y estamos cansados, pero atravesamos Castilla con una sonrisa en el rostro. Una vez más, mereció la pena.
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Watts


  • Anónimo

    AUTHOR: Stoner
    Cúrradísima, bastante de acuerdo en la mayoría de las cosas.
    Buen trabajo