Daydream Festival 08

Posted julio 19, 2008 by Desconcierto in Crónicas de Conciertos

Daydream Festival 08
Texto: Dr. Chou
Fotos: Paula Rico
Barcelona
12 de junio 2008


El Daydream nació como excusa para ver a Radiohead cinco años después de su última visita a la Península. Y eso se notó hasta en la organización, que no dio a conocer ningún otro nombre ocupante del cartel hasta poco tiempo después, probablemente por la fe que le tenían a los británicos a la hora de mover taquilla (cosa que no quedó muy clara a posteriori, pues se rondaron las veinte mil personas, cifra que se presume corta para lo esperado; no está la cartera para excesos).
El caso es que todo lo que pasase antes de las 21:30 estaría aquejado del tan temido “síndrome del telonero”, y todo lo que llegase después, salvo decepción en el concierto del cabeza de cartel, sería una vulgaridad, quizás vestida con traje de levita, pero vulgaridad al fin y al cabo.

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De lo primero que pasó fue el concierto de unos playeros Clinic, enfundados en unas mascarillas de quirófano, no se sabe si por simple finalidad estética o como alguna denuncia al maltrato al que sometemos al Planeta, siguiendo la línea que Yorke y los suyos llevan en esta gira, colaborando con la organización SOS Clima. Clinin venían a presentar un recomendable Do it, trabajo que no alcanza la calidad de sus predecesores, pero que invitaba a intentar no perderse el concierto. Lo cierto es que el directo no consiguió alcanzar el nivel del estudio, si bien uno nunca sabe si la falta de emoción con la que se recibía a los artistas era fruto de un mal trabajo o de una batalla perdida de antemano. Por uno u otro motivo, sólo algún rescate del Winchester Catedral, como “The magician”, o en mayor medida “Country mile” no consiguieron emocionar a un público, que además en su mayoría, directamente no parecía conocerles.

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Antes del final de Clinic huí buscando amparo en Liars, pero tampoco allí encontré cobijo. Debo reconocer que en este caso ni tan siquiera se le esperaba. Siguen sin convencer sus eternos jugueteos con el sonido caótico de guitarras y percusión, y tampoco llega el esfuerzo del vocalista por montar su propio show particular. Aburridos y eternos.

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Entre los regalos de la programación estaba poder ver a Low en el Auditori… claro que la hora en la que fueron situados hacía completamente prohibitiva tal posibilidad. Una hora antes de Radiohead, implica moverse hasta el Auditori, escapar antes de que acabe, e inmiscuirse de nuevo entre la masa que esperaba el feliz acontecimiento, ya desde un par de horas antes, como demostraba lo dificultoso que comenzaba a hacerse lo de moverse cuando comenzaron los primeros acordes de Bat for Lashes.

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Fue precisamente con Bat for Lashes con los que llegó el primer buen concierto del festival. Fur and gold es un trabajo que ya tiene un par de años, pero no ha alcanzado gran fama, cuando menos por aquí. Y lo cierto es que es injusto. Tiene una gran factura, evoca sonidos más nórdicos de los que cabría pensar viendo el pasaporte de los miembros y “miembras” del grupo, y tienen una cantante con un timbre de voz y presencia escénica que invita al optimismo. Conscientes de que probablemente era su primera vez ante un auditorio tan numeroso, convencieron con Trophy, Bat’s mouth o sobre todo, Horse and I. Y supieron acabar antes de hacerse pesados, la gente tampoco estaba allí por ellos. Larga vida.

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Y llegó el momento que muchos esperaban (me incluyo, no lo neguemos) desde que las entradas se pusieran a la venta seis meses antes. Empecemos por el final.
Creo sinceramente que a Radiohead no se le trata con el respeto que merecen. No se les valora lo suficiente, creo que no somos conscientes de que están a la altura de muchos de los grandes nombres musicales de la historia. Que han influido en grupos de la actualidad tanto como antes influían Beatles, Dylan, Velvet o Bowie. Lo siento, no quería dar nombres para no ofender sensibilidades mitómanas, y para no caer en una exageración a la que probablemente me lleve el fenómeno fan, más exacerbado si cabe después de la actuación.
En todo caso, parece complicado imaginar que haya otro grupo en la actualidad capaz de lo que ellos son capaces. De sonar como ellos suenan. Con In rainbows viene pasando lo que pasa con todos los discos desde el Kid A, a bote pronto no parece una maravilla, y cuando pasa el tiempo te vas dando cuenta de que es un gran disco. En directo fue intachable. Se sabía que el concierto no sería un concierto al uso de festival, sino más largo. Dos horas. Eso siempre mosquea, no acabas de saber si será bueno o malo, si se pondrán muy pesados con los temas nuevos. Las tocaron todas, enterito. Desde 15 step a Videotape, con matrículas de honor para Jigsaw falling into place, Nude y sobre todo Weird fishes-Arpeggi. Y en pocos momentos, en casi ninguno, daba la impresión de que lo que estaba pasando fuese prescindible.
Mucho menos prescindible es que recuerden con su maestría Airbag, Just, There there o el que a mi juicio fue el mejor momento del festival, con un Paranoid android que podría haber incendiado el escenario.
Todos se gustaban, Yorke tocaba la batería en un tema nuevo (sí, parece que habrá más discos), y ocluía la minicámara del piano con su ojo bueno. Poco después, sin levantarse, sonaba Pyramid song, espina clavada después de astillar en el Fib 2002. Perfecta.
Lo justo sería poner un pero; es difícil. Si hay que poner uno sería que Idioteque debería haber sido interpretada antes. Es un tema tremendamente esperado, sabes que va a llegar, y cuando lo hace te dispones a ver el derroche físico de Thom Yorke, pero se hace complicado cuando has bajado dos tallas de un horrible pantalón rojo en hora y media de despliegue de facultades. Le faltó un poco. Ya está, no se puede reprochar nada más, sólo mirar dónde sigue la gira, y ver con insatisfacción que no pisa Portugal, y que hacer doblete es propio de perturbados…

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La baza original del cartel fue que el ENEMC interpretaría canciones de Radiohead y de Johnny Greenwood en doble sesión, a las 19h y las 00h. Escogí la segunda, y fue un gran error. El concepto era interesante, la orquesta también, y la escenografía estaba muy cuidada, pero convertir en postre lo que nació para ser un aperitivo es un error. Para ser justos, todo lo que pudiese venir después de aquello sería denigrado.
Además, ver a la orquesta no me permitió gastar mi último bono para la cerveza….


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