Jeniferever – Spring Tides

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Posted marzo 28, 2009 by Sierjo in Discos

Jeniferever - Spring Tides


Lo que mal empieza, mal acaba. Supongo que este conocido refrán también se puede extrapolar: Lo que bien empieza, bien acaba, lo que regular empieza, regular acaba y así sucesivamente; aunque para el caso concreto de Spring Tides creo que me quedaría con un lo que no del todo mal empieza, no del todo mal acaba. Lo chungo del refrán de marras es que no dice nada de lo que pasa entre el “empieza” y el “acaba”, es decir, todas las canciones que están entre las tres primeras y la última. Y es que, siguiendo con refranes estúpidos, qué poco dura la alegría en casa del pobre. Pues en esta ocasión, escasamente esos tres temas: “Green Meadow Island”, con un estribillo digno de Built to Spill; “Concrete and Glass”, que sale medianamente airosa de entre una nube de tics de los que adolece la mayoría de un post-rock que parece haberse convertido al sinfonismo en los últimos tiempos, y “Ox-Eye”, que nos mantiene despiertos a base de bombo y mala uva, justo la que se echa de menos en el resto del disco, porque el lío en el que se mete a partir de aquí el segundo largo de la banda sueca Jeniferever es considerable. Al tercer tema he perdido casi todo el interés, en el cuarto comienzo a mirar un reloj que parece que va en sentido contrario y a partir de aquí exijo al árbitro que pite ya el final de un partido que voy perdiendo por dos a cero, pero en el que auguro que me va a caer como mínimo una manita.
Spring Tides está perdido y a la deriva. O yo no me entero de nada o el supuesto clímax que pretende no se consigue más que en momentos puntuales. Repetitivo, anodino y sin rumbo, sus desarrollos no terminan de llegar a ningún sitio, dando vueltas, mareados entre el sonido de sus compatriotas Logh, que siempre se han mostrado más centrados, y desaprovechando miedosos las posibilidades que les ofrecen unos referentes más que dignos. Incluso llego a echar en falta algún que otro exceso pirotécnico en la producción, pero cuando no hay de donde sacar poco se puede hacer, y la voz de Kristofer Jönson llega a asemejarse por momentos a un Robert Smith sumergido en un embrollo post-Disintegration del que no sabe como salir. A mi se me ocurre una salida mínimamente honrosa: Disintegrar tres cuartas partes de un disco interminable y nacido con una inequívoca vocación de ladrillo. Para fanáticos del género.


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