Joy O condensa la electrónica

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Posted abril 18, 2011 by Scduso2 in Noticias

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La refinada electrónica británica no para de expandir sus tentáculos post-dubstep para abrir nuevas sendas por las que deambularán gran parte del resto de productores del planeta y para reafirmar con el respaldo del público que lo que se está fraguando en las islas británicas es lo que rige en estos momentos. Simplemente llega con ver el cartel del Sónar Barcelona 2011 para corroborarlo.
El DJ y productor londinense Peter O’Grady, más conocido por sus anteriores alter egos J.O. o Joy Orbison, vuelve a cambiarse el nombre para “adaptarse a los nuevos tiempos” y autodenominarse ahora Joy O. Aun con todos estos cambios nominales en su carrera lo que no cambia es su calidad en lo referente a construir enormes monumentos de la electrónica del S. XXI, porque sin duda alguna, sigue siendo uno de los cabecillas de esta revolución silenciosa al entregarnos un nuevo maxi con dos composiciones que vuelven a reformular todo el concepto evolutivo de la electrónica europea, pues cuando se daba por hecho que el dubstep tal y como lo conocíamos iba a reinar largo y tendido en el circuito, hemos tenido que reconocer que estábamos confundidos, ya que los propios agitadores de este género son los que están modificando desde dentro la genética de su criatura.
Si por un lado James Blake se modula en un pop con rastros sutiles de electrónica minimalista, por otro los Mount Kimbie parecen que están en las Islas Baleares repostando contenidos chill out, el protagonista de este artículo prefiere inclinarse por la vertiente más house para su nuevo y esperado trabajo, siguiendo la estela de su anterior 12’’ titulado ‘Ladywell/BB’ (Doldrums Recordings, 2010) y marcando ya unas ciertas distancias con su inconfundible himno ‘Hyph Mgno/Wet look’ (Hotflush Recordings, 2009) que lo puso en la parte alta de lo más destacable de la electrónica de los últimos años.
Sin duda Joy O consigue con este ‘Wade in/Jels’ (Hotflush Recordings, 2011) editado por el sello discográfico que dio salida a su carrera, retroalimentase de un funky industrioso recién salido de la cadena de montaje del Detroit de los ’90 para aderezarlo con un poderoso bassline arrancado del código post-dubstep tan en auge en estos tiempos y crear en definitiva, dos temas que nos regalan 14 minutos de ritmo tribal que sacuden hasta el último filamento del sistema nervioso.


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