En directo: Primavera Club 2010 (Madrid)

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Posted diciembre 6, 2010 by Tempestaire in Crónicas de Conciertos

Edwyn Collins-PC10


Fotos: Mariano Regidor, Inma Varandela, Dani Cantó (Primavera Sound)
El Primavera Club, que celebraba este año su quinta edición, ha tomado desde hace un par de años el mismo rumbo de su hermano mayor, combinando en su caso la apuesta por bandas con menos renombre y la reivindicación de la sala de conciertos como hábitat natural de la música en vivo: un mar de dudas en cada franja horaria, vaya, aderezado con un toque de yincana urbana y con la existencia de dos sedes paralelas en Barcelona y Madrid. Así, lo que sigue no puede leerse en ningún caso como una crónica en condiciones, sino como meros apuntes, reflexiones o ideas, surgidas de un Primavera Club entre los muchos posibles.
- Uno, o de por qué el Primavera Club mola (o no)
Es de un simplismo alarmante, sí, pero hay que decirlo: el Primavera Club mola. Al buen gusto del sello Primavera se le suma la interacción con la infraestructura musical de las ciudades de acogida. No tenemos datos de la repercusión de cierto evento en la vida cultural de Boadilla del Monte, pero parece más probable que alguien haya (re)descubierto la Nasti, el Neu! Club o la sala Bikini, los recintos, en fin, en los que se resguarda la música en directo durante la mayor parte del año, mientras las hordas festivaleras veraniegas hibernan al calor del spotify.
En Madrid, sede a la que se refiere a esta (no)crónica, el festival discurrió en ocho salas, repartidas generosamente por el centro de la capital: distancias más o menos abordables a golpe de metro, acústicas más que aceptables y cantidad de bares populares en las inmediaciones para reponer fuerzas. Todo perfecto, salvo un lunar: el Círculo de Bellas Artes, epicentro del festival, confirmó no estar a la altura (metafórica, únicamente: los cinco pisos de escaleras bien, gracias) del festival. Ineficaz sistema de acceso, mal sonido, pésima ventilación e insuficiente capacidad, especialmente en aquellos momentos en los que era la única sede en funcionamiento, léase durante el concierto de Teenage Fanclub.

- Dos, o del caldo de gallina vieja
Vale, música. Empecemos precisamente por los escoceses, sin nada nuevo en el horizonte: uno llega, participa en un simpático karaoke indie, y se marcha con una sonrisa de oreja a oreja, sintiéndose casi casi mejor persona. Los ya citados problemas del Círculo no ayudaron, pero el caso es que el concierto de los de Glasgow no dio para más. La pregunta a este punto es sí, en su estupendo formato actual, el festival necesita este tipo de reclamos, poco excitantes musicalmente, y con demasiado gancho para los exhibicionistas sociales y nostálgicos de turno.
Holy Fuck, que asumió el papel de cabeza de cartel durante otras dos noches, congregó igualmente a un buen número de gente, pero con una propuesta musical de una intensidad totalmente distinta. Comenzaron sus conciertos salvajes, jugando con ruidismos varios y con un ritmo desbocado, y tras un tramo medio algo más reposado, se despidieron con otros quince minutos tremendos, coronados por, sí, Lovely Allen.
Algo parecido a lo de TFC sucedió con una de las presencias, justo es reconocerlo,más emocionantes del festival: la de Edwyn Collins, el líder de Orange Juice, recuperado para la música tras superar dos hemorragias cerebrales. Con una banda más que solvente, el veterano músico escocés obvió lo suficiente su última y mediocre entrega como para despachar un buen concierto; el público respondió entregado, como hubiese hecho de cualquier modo: el entusiasmo lo traían ya de casa.
Una hora antes, a John Grant, en la misma sala, se le esperaba con más curiosidad que expectación; al rato, con un piano, un sintetizador y una impresionante voz de barítono había conseguido silenciar, incluso, a la cuota de impresentables de todo concierto que se precie. Para su gira española, Grant prescindió de Midlake, la banda que ha respaldado en estudio y carretera su disco de debut, y reemplazó el barroquismo del álbum por un acercamiento mínimo y fascinante a sus canciones: desnudándolas, recreándose ahora en la acidez ahora en la ternura de sus letras. Cálido, humano, regaló el gran concierto del festival, más maravilloso si cabe por inesperado.

- Tres, o de las bandas que no existen aún
Debió de ser hace un par de años cuando se puso de moda la camiseta: escucho bandas que no existen aún, venía a decir, y no hubiese desentonado en el festival. Las bandas existían claro, pero muchas no habían pisado jamás la península o el continente, o no tenían siquiera una referencia en el mercado.
Valgan por todos los chicos de Yuck: insultantemente jóvenes, los cuatro londinenses mezclaron sin pudor toda clase de referencias más o menos noventeras (de Pavement a Yo La Tengo, de Dinosaur Jr. a ciertos Sonic Youth) durante un concierto de poco más de media hora, ejecutado sin pizca de actitud, y les salió un bolazo. Salpimentando el conjunto con una indudable clase pop (ruidosa, descuidada, pero pop) y una sorprendente solvencia vocal e instrumental, demostraron que su disco de debut competirá en 2011 por el trono de Girls o The Pains of Being Pure at Heart.
El resto de bandas más o menos noveles oscilaron entre la previsible falta de solidez (Wild Honey, Male Bonding) la aceptable solvencia (Beach Fossils) y la agradecida intensidad (The Rural Alberta Advantage y Rubick, por ejemplo). Nos perdimos el desparrame de Wavves y Eat Skull, y lo de Small Black fue vergonzoso, sí, pero suponemos que ahí entran en juego relaciones entre altas esferas en las que no conviene hurgar.

- Cuatro, o del ibérico como una de las bellas artes
Por fin, en un festival que ha recibido críticas más o menos justas por escasa promoción de la escena estatal y por un cierto ombliguismo a la barcelonesa, podemos decirlo sin tapujos: el nivel medio de las bandas españolas resultó abrumador, inasequible para las (buenas) propuestas venidas de lejos. Que no exista la sensación de escena o de grupo generacional, que sea difícil establecer vínculos entre propuestas muy alejadas no debe engañarnos: la música popular vive, a base de constelaciones locales, de células musicales vigorosas e independientes, un momento de creatividad extraordinaria en nuestro país.
Gallegos, andaluces, catalanes, madrileños y valencianos dejaron muestras de personalidad, oficio y talento en este Primavera Club. Uno carece del don de la ubicuidad, maldita sea, y no pudo cazar a gente tan solvente como Guadalupe Plata, Cuchillo o Niño y Pistola, a los que el directo impecable se les supone.
De lo que sí alcanzamos a ver, Triángulo de Amor Bizarro, puestos a comenzar por el final, decidieron sobreponerse a la acústica de la sala a base de distorsión y volumen, y salieron por la puerta grande: pueden hacer conciertos mejores, pero no mucho más burros. Caballo Trípode apuntaron las mismas excelentes maneras de su primer disco, a falta de una mayor definición que libere por fin su rock sinuoso y terroso de la monotonía del riff machacón. Lüger, en fin, se confirmó como una banda espacialmente especial, si se admite la idiotez: los madrileños dan una vuelta de tuerca en directo a su psicodelia retrofuturista, llevándola a niveles de una intensidad asombrosa.

- Cinco, o de lo que será será.
Una valoración genérica de, insisto, un Primavera Club, el mío, entre los muchos posibles, es necesariamente positiva: un puñado de grandes conciertos, un nivel medio más que aceptable, la apuesta por la escena (grupos y garitos) local y, en general, la sensación de haber encontrado un formato ideal para disfrutar en pocos días de un buen número de propuestas musicales sin ahogarse en el intento. A este punto sólo cabe esperar que la organización incida, más aún, en la especificidad de un modelo de festival que viene, no es ningún secreto, del SXSW y otras iniciativas norteamericanas.
El Primavera Sound ha alcanzado unas dimensiones tales que exigen, necesariamente, el navegar con el mejor tino posible por las aguas engañosas del mainstream y la nostagia indie. Su hermano pequeño constituye una apuesta a fondo perdido por el romanticismo de garito, por la emoción que sube de la boca del estómago cuando escuchas el primer guitarrazo en directo de una banda de la que conoces tres canciones. Quizás no resulte rentable, quizás la normativa urbanística, la inexistencia de locales adecuados o la falta de respuesta del público lo hagan imposible, pero, en el futuro, el Primavera Club será pequeño, nuevo y excitante o no será.


About the Author

Tempestaire


  • Anónimo

    AUTHOR: toñocornibot
    Cronicaza!!!!

  • Anónimo

    AUTHOR: Billy Budd
    Para nada de acuerdo con la reflexión sobre Teenage Fanclub.
    Parece que se quiera primar la originalidad, modernez y excentricidad sobre la calidad, la clase y la inspiración.
    Todo lo cual lo tiene TF a toneladas y así es que 20 años despúes llenan los sitios donde tocan, por ejemplo, la Capitol el pasado viernes, con una sala a reventar y un repertorio de 9,5 (no les doy un 10 porque siempre queda en el tintero alguna canción que te hubiera gustado oir).
    Y te lo digo yo, que soy el más moderno de mi escalera, que tachar a TF de desfasados o fuera de lugar en un festival como el Primavera me parece de una frivolidad y sobradez inmensas.
    A ver donde están dentro de 5 ó 6 años el 75 % de esas bandas tan guays.