Sigur Rós

Texto: Dr. Chou
Fotos: Paula Rico
Jón Þór Birgisson, Georg Hólm, Kjartan Sveinsson y Orri Páll Dýrason son Sigur Ròs. Y Sigur Ròs son, junto con Arcade Fire, lo mejor que le ha pasado a la música en la última década.
Si cabe decir algo malo sobre conciertos como el que dieron estos islandeses en la sala La Riviera de Madrid, en la gira en la que presentaban Með suð í eyrum við spilum endalaust, es que después tienes que escribir una crónica sobre él, y servidor no es precisamente el escritor de verbo más fácil ni la persona que más adjetivos conoce. Además, los calificativos para hablar de Sigur Ròs probablemente se hayan agotado desde que en 1999 aquel Ágætis byrjun les proporcionase fama mundial, a pesar de tener ya en el mercado Von, su primer disco, desde dos años antes.

La primera sorpresa de la noche la dieron unos islandeses, pero no los que en principio habíamos ido a ver esa sala absolutamente abarrotada (dicen los que la frecuentan que eso pasa en muy contadas ocasiones, e imagino que todavía menos cuando las entradas cuestan 40 euros y alcanzan precios que ni se conocen en la reventa). Los encargados de abrir esa noche musical fueron For a minor reflection, un cuarteto de jóvenes que se gastaron su media hora larga de promoción de su disco en sólo tres temas al más puro Godspeed You Black Emperor!, de los que innegablemente se han emborrachado como influencia. Si el mundo de la música alberga todavía algo de justicia, su Reistu thig vid, solin er komin a loft (del cual no pude conseguir una copia a la salida, pues las masas acabaron con mi paciencia), dará mucho que hablar, y de paso les permitirá vivir de esto.

Después de un largo descanso, a eso de las diez menos veinte comenzaron a sonar nos primeros acordes del mágico (otro adjetivo apenas utilizado con Birgisson y compañía) Svefn-g-englar, en lo que parecía ser una promesa de que no se olvidarían de repasar toda su discografía, y no quedarse sólo en los cortes de su último trabajo. Las sospechas se confirmaban cuando, una vez recuperado el aliento, el segundo tema fue Ný batterí, también de Ágætis byrjun.

Los temas nuevos acapararon la parte media del repertorio, y de Með suð í eyrum við spilum endalaust, repasaron Fljótavík, Við spilum endalaust, una Festival con la que nos fueron anestesiando durante cuatro minutos hasta que ese bajo practica la incisión de un bisturí, una Inní mér syngur vitleysingur que hizo botar a todo el mundo (y que incomprensiblemente no convence a aquellos que no reconocen a los Sigur Rós post ( )), o Gobbledigoock, acompañados de los miembros de For a minor reflection, además de por toneladas de confetti.
Por el camino habían repasado Hoppipolla, E-bow, Hafsol, Með blóðnasir y tuvieron tiempo de presentar nuevo tema: Saeglópur.

Tras Gobbledigoock y la explosión de confetti, y percusiones, dije a una de las personas que había ido conmigo que sí, que muy bonito, pero que deberían haberlo dejado para el bis pues era imposible acabar un concierto más arriba que ahí
evidentemente me tragué mis palabras, pues volvieron a presentarse en el escenario para hacer el silencio (y no era fácil) con All allright y abofetearnos con otro tema nuevo en un derroche de valentía, Popplagid, y que promete que todo lo que venga a partir de aqui será digno de todo lo que hasta hoy hemos disfrutado.
Tocaba marcharse y aguantar tres cuartos de hora para recoger mi abrigo
qué rápido baja uno del cielo.






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