Cass Mccombs – Wit’s End

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Posted julio 5, 2011 by Sorpresa II in Discos

Wit's End


Cass Mccombs me recuerda al Elliott Smith de “XO“, el del pop orquestado, el eco de los Beatles y los valses. Comparten una característica rarísima y muy curiosa: hacen (hacía) unos temas que jajajaajaja que jajajajaj que es que no te lo crees. Elliott Smith los llenaba de una sensibilidad abrumadora, hacía superlativo un sentimiento que acabó con él y dio para un subgénero de la música popular. Los herederos intentan llegar a esas cotas de intensidad sustituyendo honestidad y pesimismo suicida por afectación y sentimentalismo sobreactuado. El contenido por la forma.
Cass Mccombs, por su parte, es más oscuro, más críptico y más misterioso. Menos perfecto, quizá, pero más audaz. Este “Witt’s End” es una etapa de montaña que empieza en un puerto imposible (“County Line”, el derritaje, me desmayo) y va serpeando espectacularmente ¡hacia arriba! O, al menos, hacia el frente. Después de esa entrada debo admitir que me esperaba un descanso. Alguna canción que me permitiera amarrarlo al grupo de los segundones. Pero este disco no conoce a su padre ni a su madre. Camina o revienta.
Ahora que tienen a Imanol Arias en mente, aprovecho para deslizar en contraste una mención a “The Lonely Doll“, la segunda canción de este disco-pasarela hacia las estrellas. ¿Cómo explicarlo? La canción es una muñeca. Solitaria. Empieza con los versos “In tribute to all things petite / pretty and sweet, the lonely doll“. Y, válgame Dios, esto es lo más petite, pretty and sweet que he oído jamás. Aquí ya te vas dando cuenta de que el disco no va a ser ninguna mierda.
La tercera, “Buried Alive“, mantiene una armonía increíble entre el mal rollo de la letra y la belleza reposada de la música, trovadoresca perezosa pespuntada de melotrones. El agobio se desliza delicadamente por el piano de “Saturday Song” y en “Memory Stain“, maravilla, un vals de arabescos humildes, siniestro y de letra confusa, cortado por unas castañuelas calcadas a las que partían el “Bandido” de Azúcar Moreno antes de cada estribillo. “Hermit’s Cave” es una tesis de ingeniería folk, otro de esos temas pretty and sweet que se le caen de los bolsillos cuando se sienta, pero que se va inclinando hacia el estribillo, enfilando la misma soledad suicida del tito Elliott. Pero esta soledad está enfocada desde fuera, y se convierte en un llanto, un quejío minimalista, con una caja desproporcionada (¿un bastón golpeando una mesa?, ¿unos latigazos?) y medio acorde que es imposible de evitar, imposible de ensamblar en ese esbelto cuerpecillo pop. Pero Cass lo ensambla y lo desensambla. Hace lo que le da la gana. Este tío es lo que necesita el Real Madrid ahora mismo.
Y todas estas canciones son muy buenas, pero es que la última…


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