The Unfinished Sympathy – Avida Dollars

Quizás Avida Dollars sea el disco más importante de la carrera de The Unfinished Sympathy. Es el disco que aclararía el rumbo que iban a tomar, que nos diría si el cataclismo que supuso para sus seguidores el descolocador cambio de sello – con Bcore volcados en ellos como grupo estrella emigraron a una Subterfuge en caída libre, tanto en popularidad como, sobre todo, en calidad – y la posterior salida de We Push You Pull había sido un bache pasajero o si, como algunos nos temíamos, seguirían una senda continuista. El camino por el que han optado es el de tratar de contentar un poco a todos (o no contentar del todo a nadie), y ya que no creo que muchos fans incondicionales de la banda ‘pre-wepush’ lo siguieran siendo tras la publicación del mismo, lo que desde luego no parece es que Avida Dollars vaya a ser el disco que los reenganche definitivamente a la banda catalana. Eso sí, tiene ese puñado de estribillos impepinables que le faltaban a su predecesor, como mínimo como para hacerte pasar algún que otro gran momento. Cuando menos los de los tres primeros temas, “Continental Drift”, “Homedrunk” y “Give Up Dig Down”, son de traca y recuerdan a sus mejores coplas. Y claro, uno se pregunta al escuchar semejantes temas por qué la tan cacareada recuperación de las guitarras no se hace con todas las consecuencias. Unas veces da la impresión de que no se oyen lo suficiente y cuando sí lo hacen parecen estar domesticadas, perdiendo parte de su eficacia. Creo que le llaman “sonar compacto” pero, como sabemos que parte de su gracia estaba en cuando se ponían brutos, no deja de sorprendernos la presencia de temas tan pop como “Girl you don’t have a heart” o “We’re gonna be parents”.
A los que nos subía la tensión cada vez que Èric hacía rascar su garganta nos han dejado claro que el sonido crudo que fue su seña de identidad hasta Rock for Food forma parte del pasado. En cambio parece que se sienten muy cómodos en esa suerte de rock melódico que les da por facturar en estos momentos, de modo que sólo hay dos posibles elecciones ante la nueva actitud de TUS: O bien nos hacemos a la idea de que las cosas han cambiado para ellos, que lo que hacen no es mejor ni peor, es distinto, y seguimos disfrutando tan ricamente de sus vibrantes directos, o por otro lado nos cabreamos, no tragamos y nos negamos a resignarnos a que su mala hostia no siga latente esperando escondida la ocasión propicia para volver a hacer de las suyas. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde.







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