King Crimson – The Power to Believe

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Posted febrero 10, 2008 by Desconcierto in Uncategorized

King Crimson - The Power to BelieveDiscipline Global Mobile, 2003
Rock Progresivo
Texto: Alberto Bensusan Vila (Achilles)


Integrantes:
Robert Fripp (Guitarra, Frippertronics)
Adrian Belew (Guitarra, voz)
Trey Gunn (Warr guitar –con y sin trastes–)
Pat Mastelotto (Percusión)
The Power to Believe es, hasta la fecha, el último disco de King Crimson. Y el Rey Carmesí nos muestra que, aunque ya lleva años, décadas de reinado a sus espaldas, no ha hecho más que madurar, y a la vez renovarse, en una incesante búsqueda de lo más cercano a la perfección, con su alma mater, –aunque bien se sabe que él no se reconoce así– Robert Fripp, en un despliegue de todo lo que ha ido acumulando entre sus sobrehumanos dedos y su metódica mente a lo largo de su viaje progresivo. Además del Maestro, que ha permanecido perenne desde los inicios, el disco cuenta con Trey Gunn a los bajos, haciendo uso encomiable de su instrumento, la Warr Guitar, que lejos de ser un mero bajo, actúa como un gran recurso dando consistencia en todas las canciones en segundo plano, y colaborando con sonidos a veces que se podrían catalogar como “techno”. La percusión está en constante compenetración con su compañero Gunn, tarea del también curtido en colaboraciones con King Crimson, Pat Mastelotto, con un amplio repertorio creativo de elementos de los que se puede extraer cualquier sonido relacionado con su campo, ya sean analógicos o digitales.
La lírica corre enteramente a cargo de Adrian Belew, que asumió ese rol, sin contar el de inmejorable complemento a Fripp, desde el disco Discipline (1981), y que continúa en la formación desde entonces. Si bien en discos anteriores el campo de las letras le ha dado más juego y le ha sido posible lucir más sus capacidades poéticas, en este disco, aunque son bastantes las instrumentales, las compensa con creces en las que no. La temática alterna letras de un obvio significado, como en Eyes Wide Open, y las más ambiguas, obsesivas y psicóticas, al estilo que nos tienen acostumbrados King Crimson, como en Facts Of Life o Happy With What You Have To Be Happy With.
En un primera acercamiento al LP, nos encontramos 11 canciones, en las que se alternan instrumentales y con letra, piezas que nos sumirán en una paz sólo accesible con los soundscapes de Robert Fripp y su guitarra Frippetrónica, que avergüenza a los más complicados samplers, para luego devolvernos a la locura, la dulce locura que esperamos cuando nos acercamos a King Crimson, con ese bajo imponente y diferente a todos los que hemos escuchado y la batería siempre correcta y frenética a veces, con toques “techno” en varias de ellas. A lo largo de todo el disco se nos muestra claramente que todas las piezas están bañadas por un concepto: “the power to believe” –el poder de creer–, si bien resulta un tanto arduo encontrar una conexión entre todas ellas y esta frase, excepto entre las 4 partes de la canción que da nombre al disco.
En un análisis más pormenorizado, canción por canción:
The Power to Believe I : A Cappella
Comenzamos con una cortísima introducción en la que Belew, con una voz filtrada, nos brinda un corto párrafo, haciendo uso de su gran capacidad de abordar una temática tan trillada, que acompaña a la música desde su nacimiento, que es el amor, sin caer en la cursilería o la mediocridad. Aunque son contadas las ocasiones en las que King Crimson nos transmite un mensaje optimista y reconfortante, en esta pieza introductora lo hace, insinuándonos que es posible encontrar aquello que nos falta, aquello que hemos perdido –quizá en la forma de una mujer– que nos devuelva el poder para creer. ¿Creer en qué? Aquí se deja espacio a una libre interpretación, puede ser el simple amor, o volver a creer que nuestros problemas tienen solución, o que el mundo entero lo tiene.
Level Five
Desde la paz inicial, con un mensaje positivo, sosegado y sin ningún instrumento, el disco nos da la real bienvenida con una pieza instrumental en la que Belew da todo de sí mismo a la guitarra, respaldado por la de Fripp en todo momento, y acoplándose como dos perfectas mitades en las partes con arpegios. La canción alterna lo que se podría llamar un riff básico y partes en que son dominadas por solos de una gran intensidad, transmitiendo –en un registro de guitarra agudo tan bien dominado por Belew— emociones que se podrían calificar como desesperadas y desconsoladas. Como todas las instrumentales, el título deja libre albedrío para buscarle la relación a la música, pudiéndonos imaginar que hemos alcanzado un nivel superior, el Quinto Nivel, ya que las guitarras nos sugieren una progresión, en el ritmo y en el transcurrir, un avance a quién sabe dónde, acompañados los periplos de Belew por una solemnidad aterradora, cortesía del trío Fripp-Gunn-Mastelotto.
Eyes Wide Open
De nuevo un cambio de registro, con una canción con letras sin dobles sentidos, bastante asequible, sin solos frenéticos ni ritmos increíbles, con una base de órgano fruto de la técnica de Robert Fripp, y una constante sucesión de arpegios milimétricamente compuestos a lo largo de toda la pieza, con coros pegadizos y un tempo ciertamente apaciguador.
En cuanto a la temática, nos habla de la necesidad de la alerta, de la atención al mundo que nos rodea: “ojos siempre abiertos, ya que nunca sabes lo que puedes ver”, lo importante de estar consciente para poder afrontar el día a día, tanto en sus cosas cotidianas, como en lo maravilloso que nos provee de vez en cuando, si estamos atentos, con los ojos abiertos de par en par.
Elektric
Llegamos a la que es la segunda instrumental del disco. Bastante “techno”, Trey Gunn y su Warr Guitar tienen la oportunidad de lucirse a lo largo de toda ella, de la mano de los incesantes arpegios de Fripp, que se van desarrollándose sin prisa pero sin pausa, en un baile musical en ambos canales, junto con su complemento en las manos de Belew, todo auspiciado por la sutil y poco perceptible durante la mayor parte, batería de Mastelotto. A pesar de la estridencia de la distorsión de la Warr Guitar, es un tema bastante sosegado, hasta llegar al minuto 5:40, en el que la locura Carmesí nos aborda por sorpresa, para ponernos todos y cada uno de los pelos de punta, en unos cortos pero incesantes segundos, que podríamos calificar como una revelación, para luego volver al transcurrir normal hasta el final de la pista.
Facts Of Life (Intro)
Una corta introducción instrumental que viene como anillo al dedo al que se podría considerar el punto álgido del disco, que empieza con una sutilidad que nos genera una gran expectación, o incluso miedo, en la que un órgano de fondo suena dulce pero misteriosamente, como si se propusiera despertar a la otra guitarra, que yace en silencio, haciéndose de rogar…
Facts Of Life
…Hasta que finalmente, despierta. Y despierta en simetría con su media naranja. Adrian Belew y Robert Fripp nos demuestran que son dos personas destinadas a conocerse, dos caras de la misma moneda, dos manos que encajan como ningunas otras. Y es que, obviando las letras, tomándolas aparte, se puede interpretar el ritmo descontrolado e imparable como una danza entre dos entidades, una danza casi erótica y pasional, en la que las dos juegan su papel en consonancia interactiva la una con la otra, con un riff que va variando sinuosa y frenéticamente, hasta culminar en un súmum de éxtasis a cuenta de Fripp y su sobredistorsionada guitarra, tocada de una forma totalmente gamberra y descontrolada, centrifugándonos los oídos hasta decir basta.
Sobre las letras, se desarrolla el título de la pieza, “leyes de vida”, cosas ciertas, innegables, hechos que son verdades inamovibles y que no podemos cambiar.
“Nadie sabe lo que ocurre cuando mueres. Cree lo que quieras, no significa que estés en lo cierto. Y eso es ley de vida”
The Power To Believe (Parte II)
Continuamos con el concepto principal del disco, en otra canción que se podría considerar instrumental, aunque va evocando la letra de la primera parte de forma aleatoria durante su minutaje. Esta segunda parte se podría ver como una especie de rapsodia-improvisación en la que se varía numerosamente de ritmos, con el constante colchón de base de los órganos de Fripp, batería tradicional y electrónica –que aporta una bien conseguida atmósfera de extrañeza– y sinuosos y a la vez acariciadores solos de Belew, que hace que nos evadamos hacia localizaciones lejanas, recurriendo a un cierto toque oriental en su efecto de guitarra. Cuando no está ocupado en este menester, Belew se atreve con la percusión en su modalidad eléctrica, experimentando con efectos de timbales y xilófonos de corte exótico.
Dangerous Curves
De nuevo se cuenta con la base de Fripp y su Frippertronia para crear una atmósfera, un soundscape, como él mismo los denomina, un órgano que acompaña a una guitarra tocando la misma nota una y otra vez, acompañado al unísono con el bajo, mientras la batería goza de una libertad bastante amplia y hace lo que le place –llegando a utilizar una especie de artilugio compuesto por tiras de cuero, con el que genera la sensación de que los platillos son tocados por varias personas– acompañando la progresión del tándem Belew-Gunn en la ascensión o el descenso, según se mire, por lo que viene a sugerir el título: curvas peligrosas. Conforme el bajo, la guitarra de belew y el órgano-guitarra de Fripp, van aumentando en intensidad y tonalidad, se suceden los rellenos electrónicos de efectos difícilmente clasificables, hasta que poco a poco llegamos al culmen, en el que nuestro viaje a través de las curvas peligrosas llega a su término, terrible y definitivo, en el que una guitarra tajante nos indica con contundencia suma: “este es el final”.
Happy With What You Have To Be Happy With
Nos encontramos con la letra más obsesiva, machacona y compulsiva del disco, con una lírica confusa y de ambigua interpretación. Por un lado se nos transmite un mensaje conformista –quizá de un modo sarcástico— en la forma de un juego de palabras: “tienes que estar contento con lo que has de estarlo”
Analizando la letra de arriba a bajo llegamos a la conclusión de que se trata de alguien intentando componer una canción, abordando la tarea con una ansiedad y manía propias de un esquizoide, y que necesita desesperadamente un estribillo, y ese canto desesperado se convierte, paradójicamente, en eso, en el estribillo de la canción, con el que ha de estar contento, pues es con lo que ha de estarlo.
En el campo instrumental, nos encontramos con un principio demoledor, muy distorsionado, un riff que varía de las estrofas al puente para adquirir en esta parte una sucesión de quintas con un ritmo locamente obsceno, para cerrar el círculo con el desacompasamiento a dos guitarras que cambia radicalmente el ritmo de las demás partes en el estribillo. Sin olvidarse uno de las especialidades de Adrian Belew, que no se deja de incluir uno de sus solos estilosos y casi disonantes utilizando el registro más agudo posible en su guitarra.
The Power to Believe (Parte III)
En esta tercera parte que continúa la idea primordial del disco, The Crimson Kings adoptan un tempo lento, casi amodorrante, con una guitarra solista que transcurre a voluntad, sin seguir norma aparente para entrar o salir de escena. Lo mismo ocurre con la contundente y seca batería, que de nuevo da la impresión de ir — de forma solemnemente lenta en partes– a su libre voluntad. A lo largo de toda la tocada se suceden cortos periodos de silencio, que preceden una nueva atacada de Belew o de Fripp, escoltada cuidadosamente por el bajo siempre extraño –y a veces futurista- de Trey Gunn. En resumen, un tema bastante psicodélico y relajante, si ya estamos acostumbrados a ese malestar reconfortante y la paranoia que tienen como norma transmitir.
The Power to Believe (Parte IV: Coda)
Nuestro viaje toca a su fin con una guinda que nos presentan en forma de coda, un añadido, unas últimas palabras añadir antes de la despedida definitiva.
La emoción que nos inunda al escuchar este cierre casi instrumental, es la de paz. Robert Fripp y la voz electrónica de Belew nos permiten desintoxicarnos de la locura, la obsesión, la paranoia y ansiedad –todas ellas placenteras— que nos pueden haber transmitido a lo largo de todo el disco, para bañarnos en las aguas de un soundscape Frippetroniano conciliador, sin ningún otro recurso instrumental a parte de éste, y que realmente no se echan de nada en falta. Como colofón, se vuelve al principio, a la estrofa que abre el disco y que expresa la idea básica de esta obra de arte, y nos vuelve a regalar con una visión reconfortante y positiva, la del poder de creer.
“She carries me through days of apathy
she washes over me
she saved my life in a manner of speaking
when she gave me back the power to believe
”


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Desconcierto